¡Hola! ¡Bienvenidos al blog literario de Ger JM!

¡Bienvenidos!

 

     Parece una palabra que tan solo designa un modo cortés de referirse a las personas que, por alguna jugarreta desagradable de la vida, llegan a la puerta de nuestra casa, por supuesto sin avisar y en el momento más inoportuno posible. Hablemos de ejemplos, somos la sociedad de los ejemplos, hoy en día una explicación que no se acompañe de su respectiva gama de ejemplos, ilustraciones y supuestos que grafiquen adecuadamente qué demonios intenta decir uno no se antoja una explicación medianamente interesante.

     Hace pocos días nos encontrábamos comiendo unas deliciosas fajitas de pollo en Chilis mi amigo Mesé y yo, él pidió una cerveza Pacífico y yo una margarita de tamarindo. Me encanta ese lugar, lo único que tiene de malo es que sus meseros tienden a hablarte de tú, lo cual en realidad no me molesta pero ¿por qué alguien estaría interesado en tutearse con un desconocido? Yo le hablo de “usted” hasta a los niños y la razón es sencilla: es una barrera, al referirse de “usted” a las personas de inmediato les notificas que nada te interesa saber sobre de ellos, así pues ¿qué querrá saber de mí un mesero como para tutearme? Yo no creo que nada, pero allá ellos y su tendencia a abrirse con el mundo. Pues bueno, estábamos mi amigo y yo platicando sobre mi reciente condición de desempleado cuando de repente, como no queriendo la cosa, que llega una de esas amigas que prefieres ver desnuda, calladita y a lo más soltando unos cuantos gemidos, saludándonos con efusivo beso profuso en babas y voz estentórea:

     – ¡Preciosos, cómo han estado!

    – Bien P. Aquí engrosando las filas del desempleo – contesté –, pero siéntate, sé bienvenida.

     ¿Ven a lo que me refiero? ¿Por qué dije eso? En realidad yo no quería que se sentara y mi amigo mucho menos, era una de esas amistades que solo sirven para coger y nada más dado que para ella tuvimos la misma función: un par de penes erectos que servían para alcanzar un orgasmo. Juguetitos candentes que se hinchan de sangre. Ya se había acostado con mi amigo cuando él era soltero y conmigo hace varios años y justo después de que alcanzó el clímax nos despidió de su departamento en Tlalnepantla, en la zona conurbada de la Ciudad de México <<Bueno ya acabé, agarren sus triques y a la chingada>> ¡Y yo ni siquiera terminé! Era una perra en aquél entonces y tan solo con verla diez segundos deduje que a pesar de los años que mediaban nuestros encuentros seguía siendo tan perra como siempre ¡Y yo dándole la bienvenida!

     Pero para ustedes, que son amigos literarios, les doy una bienvenida real y profusa. Espero que disfruten de este blog.

Ger JM

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