Extracto de mi próxima publicación; Planeta por conquistar.

¡Hola gente de gustos literarios excelsos! (Tienen que serlo si han soportado mi lectura durante más de dos renglones consecutivos).

     En un par de semanas se publicará mi primer libro. He de confesarles que no es mi primer trabajo terminado pero sí es el que he decidido se haga público primero. Se venderá tanto en su versión impresa por Internet como en su formato digital en www.lulu.com; en cuanto esté listo espero contar con su apoyo al favorecerme con su compra pues del éxito que obtenga en esta primera etapa he de decidir si se publica, también, en una editorial tradicional para su distribución física en librerías. 

      El nombre de este blog se le debe a este librito, Planeta por conquistar, y la razón por la que decidí iniciar mi carrera con este ensayo/cuento/novela/historia rara (nunca me he podido definir con claridad ¡Soy un chingado pedazo de carne sin certezas!) es porque los tiempos que corren definitivamente requieren de críticos que, antes de iniciada la guerra, saben que muy posiblemente no lograrán vencer, que seguramente serán destruídos, pero eso sí: no sin antes causar mucho alboroto.

     El siguiente es un adelanto del librito:

Hace más de quinientos ciclos solares nuestra civilización entró en un gran predicamento ¿cómo mantener el estilo de vida de sus más de nueve mil millones de habitantes tal y como se conocía en aquel entonces sin terminar destruyendo nuestro planeta? Las zonas geopolíticas industrialmente desarrolladas brindaban a la población oriunda bienestar material y económico. La gente de estos lugares que en algún momento empezamos a llamar zonas del primer mundo era feliz viviendo una ficción de consumismo desenfrenado basado en modas, tecnología y comodidad material. A nadie parecía molestarle el hecho de tener una civilización que basaba el éxito profesional y personal en el número de tarjetas de pago que poseía cualquier ciudadano o en lo voluminoso que fuera su estado de cuenta. Las ciudades se complacían fabricando toda clase de productos innovadores hasta que un día, el menos pensado, nuestros abuelos se toparon con el pequeño detalle de que los insumos empleados en sus líneas de producción por fin se habían agotado y fue cuando se dieron cuenta de que la respuesta a la pregunta, que por obvia no formularé, era sencilla: consiguiendo los recursos en algún otro lugar.  

     Fue cuando arrancamos las exploraciones espaciales, vagando por el Universo, recorriendo las galaxias de extremo a extremo fuimos encontrado otros planetas cuyos recursos naturales explotamos hasta dejarlos secos cual enfermo terminal. Millones de civilizaciones primitivas tuvieron que morir para que nosotros siguiéramos viviendo, fue un precio muy alto, un atentado directo contra el derecho a la vida, pero fue un precio que estuvimos dispuestos a aceptar, después de todo ¿para qué querrían vivir aquellos primitivos seres si ni siquiera tenían televisión por cable?

     En nuestra búsqueda insaciable de metales, piedras preciosas, sustancias químicas orgánicas, maderas industriales y de valor artesanal y de toda clase de suministros necesarios para darnos esos pequeños lujos que hacen de la vida algo digno de vivir hemos destruido a cuanto ser pensante, o medianamente cuerdo, se ha interpuesto en nuestra misión.

     El turno de Iurancha había llegado…..

Ger JM

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