13/04/2009; Crónica de un desempleado.

¡Bienvenidos!

    Siendo objetivo no ha transcurrido mucho tiempo. Mi amigo Jean estuvo desempleado casi un año antes de que yo lo contratara como analista cuando ocupé una de las gerencias de los proyectos de ventas en el banco, mi amiga Ery soportó dos años sin un trabajo fijo y muchos otros conocidos padecieron más o menos lo mismo hasta encontrar algo… estuve a punto de decir <<que les agradase>> pero ninguno de ellos trabaja por gusto, mejor vendría decir: hasta que encontraron algo, y ya, sin agregarle descripciones.

     Yo llevo exactamente un mes.

     No logro definir cómo me siento. Por una parte me agrada salir a correr al parque todos los días, parece una actividad demasiado sencilla como para si quiera mencionarla pero durante los seis años que trabajé en la transnacional no pude hacerlo con la frecuencia que a mí me habría gustado, trabajaba hasta catorce horas al día y solo tenía disponibles los domingos, bueno, en ocasiones tenía disponibles los domingos pues si no alcanzaba las metas de la semana ese día tenía que trabajar también; viéndolo en retrospectiva ¿eso no fue explotación? Adicional a este pequeño gusto aeróbico el tiempo que he destinado a mis lecturas como mínimo se ha triplicado. En promedio leo entre cinco o seis libros al mes (siempre he leído por las noches) pero desde mi salida del banco he terminado un libro en promedio cada dos días (por cierto ¿han notado que los libros en sus primeras ediciones se han vuelto realmente caros?), también me di tiempo para terminar la corrección de estilo de mi primer libro pronto a publicarse y me reuní con amigos a los que no veía desde hace varios meses. Hasta aquí todo marcha de lujo, la única objeción que encuentro es que no estoy ganando dinero y tengo las mismas deudas de siempre: la hipoteca, las tarjetas, la manutención, y los gastos diarios, categoría, ésta última, en donde entra todo el dinero que uno no sabe en qué diantres se fue (visitas a la tiendita, el cafecito, el tequilita, las palomitas en el cine y otras tantas linduras que vuelven el mundo un poco más tolerable). Esta ambivalencia me está llevando lentamente a desarrollar una esquizofrenia de lo más curiosa; me despierto, pues, dichoso por saber que podré hacer lo que me plazca mientras que, al terminar el día, la desesperación me invade (porque sé que el dinero se acabará dentro de poco y yo sigo sin trabajo). Antier sencillamente me solté a llorar a moco tendido.

     ¿Dejé de buscar empleo? No, al contario, todos los días he mandado currículas a diferentes empresas y bolsas de trabajo ¿cuál ha sido el resultado? Me han mandado llamar para presentar exámenes y someterme a entrevistas pero de ahí no pasa, a veces me dicen que no tengo el perfil (¡no tengo el perfil para una posición equivalente a las que ocupé durante años! Definitivamente hay algo de irónico en eso) y en otras, de manera sorpresiva, la vacante desaparece cuando pregunto sobre el estatus de mis pruebas. Hay un detalle que no he mencionado: solo estoy aplicando para puestos que en verdad quiero ocupar, he decidido que voy a trabajar en “algo” que me guste.

     Durante los años como empleado bancario mis jefes me asignaron como titular de distintos proyectos (cinco para ser exactos); ejecutivo de servicio, ejecutivo de cuenta, gerente de sucursal, gerente de cobranza y gerente de fuerza de ventas. De todas estas responsabilidades solo disfruté plenamente la gerencia de fuerza de ventas ¿Fue el puesto mejor pagado? No, aquí hubo meses en los que incluso gané menos dinero que como ejecutivo de cuenta (que teóricamente está varios peldaños abajo en el escalafón); entonces ¿fue el más tranquilo? ¡Uf! Para nada, mis jornadas iniciaban a las ocho de la mañana y terminaban a las diez u once de la noche; bueno, por su importancia estratégica ¿era un puesto cuyo titular recibía el reconocimiento de sus jefes? No, al contrario, en esta posición debía rendir cuentas mensuales en juntas directivas y siempre me ponían una arrastrada marca diablo sin contar el hecho de que cuando desapareció el proyecto ninguno de estos directores (excepto mi jefa directa, mi hermosa jefecita) mostró el menor interés en la gente que muy posiblemente perdería su empleo. Entonces ¿qué carajos le veía a esa chamba? Es difícil expresarlo en unas cuentas líneas: me gustaba coordinar a las treinta personas que componían el equipo de trabajo y diseñar los planes de capacitación, me fascinaba resolver problemas operativos y escuchar la opinión de mis colaboradores y lo más importante, de todos los puestos que ocupé solo éste lo elegí plenamente, es más, solo para este puesto competí por la titularidad. Pero parece que el destino le tiene ojeriza a los trabajos que uno disfruta; el proyecto terminó antes de cumplir los dos años de existencia y a mí junto con todo mi equipo nos pasaron en bola al área de cobranza; era eso o quedarse sin empleo. Después vino el desmembramiento ¿cómo pretendes que treinta personas que han trabajado como vendedores aprendan a cobrar de la noche a la mañana? Algunos lo lograron, otros, en los que me incluyo, aprendimos porque aprendimos (aunque no muy bien), no hubo más. Solo el veinte por ciento de la gente sobrevivió (junto con mi equipo había otros veintiséis a nivel nacional, éramos más de seiscientas personas que de la noche a la mañana dejaron de vender para cobrar créditos morosos del modo que Dios, y quizá el chamuco, nos dio a entender). Después de casi un año como gerente de cobranza, trabajando con los sobrevivientes del equipo, mis resultados eran todo menos buenos, definitivamente no di el ancho para el puesto; me gustaría decir que no invertí el tiempo y los recursos necesarios para hacerla y hacerla bien pero no fue así ¡en verdad me esforcé para ser un buen <<cobrón>>! Por lo mismo un día mi jefa me mando llamar para decirme en vivo y a todo color que a partir de ese momento se vería obligada a prescindir de mis servicios; acepté con todo el dolor de mi corazón (¡hasta se me salió una lagrimita!) y ya con un pie en la calle mi jefecita me dijo que no tan pronto, que me querían como gerente de una sucursal. Así pues no me quedé sin trabajo. Como gerente de sucursal di muy buenos resultados ¡ejem! No está muy bien que yo lo diga mas no por ello deja de ser cierto, pero en fin, tampoco fue un trabajo que disfrutase mucho así que la salida era inminente.

    Y después de todo eso volvemos al mismo punto. Ha transcurrido un mes y no tengo chamba. A seguir buscándole.

 

Ger JM

       

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4 comentarios »

  1. Alexandro said

    Jajaja. Bueno, si, la maldita crisis económica, que no será la última pues no ha sido la primera. Pero, con crisis o sin crisis, no nos queda más que “picar piedra”, suponiendo que tengamos una piedra, al menos. Saludos. Me ha gustado tu blog.

    • Ger JM said

      ¡Hola de nuevo Alex!

      ¡Gracias! A mí también me gusta el tuyo; la crónica “El Circo” me pareció deliciosa; a los visitantes les ruego visiten el blog de Alexandro: http://www.lospasosdehumo.blogspot.com les aseguro la encontrarán cautivante.

      ¡Saludos!

      Ger.

  2. pepe el toro said

    ESCRIBES PURAS TONTERIAS, DEBERIAS DEJAR DE PERDER EL TIEMPO Y PONERTE A BUSCAR TRABAJO Y SI NO ENCUENTRAS PUES CREA EL TUYO.

    QUE TAN DIFICIL PUEDE SER GANAR DINERO PARA UNA PERSONA QUE TIENE ESTUDIOS, METAS, SUEÑOS Y SOBRE TODO GANAS DE SALIR ADELANTE.

    DEJE DE QUEJARSE Y APLIQUESE

    • Ger JM said

      ¡Hola!

      ¡Gracias por tu comentario! En efecto; al ser este un blog literario las tonterías forman parte fundamental de los cuentos, los artículos, las críticas y los ensayos. Realmente no estoy muy interesado en concentrarme en asuntos serios.
      También agradezco tu consejo; recordé un adagio que reza: “Todo consejo no solicitado se vuelve parte del problema”.
      Por último no coincido en lo de dejar de quejarme, uno de los pilares de la crítica literaria es la queja entendida como inconformidad.

      ¡Saludos!

      Ger JM

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