¡Bienvenidos! De la cultura y el poder

Debido a que los ciudadanos tienen pocas oportunidades para acercarse a sus gobernantes y los empleados las tienen aún menos para acercarse a los CEO´s todo lo que se sabe acerca de los líderes es lo poco que se vuelve público. Tratándose de los llamados estados democráticos queremos creer que casi la totalidad de las biografías de sus gobernantes salen a la luz mientras que los jefes del mundo empresarial suelen resguardar mejor los detalles escabrosos de su vida; sin embargo, ambas creencias, la del hombre público vida pública y la del hombre de negocios vida reservada, son falsas. Solo en casos de verdadero descuido es cuando un mandamás de cualquier sector, estatal o privado, permite que se ventilen en exceso los pormenores de su vida o, también, permite que se ventile muy poco. Un adecuado manejo de imagen hace que el misterio se mezcle en adecuada proporción con el exhibicionismo, en resumen: de los hombres se sabe, si no son estúpidos, lo que los hombres quieren que se sepa.

     Así pues los líderes de estos tiempos truculentos juegan con su imagen y los pueblos, como todos los pueblos de todas las épocas, suelen creer en ellos, o, al menos, hacen como que creen. Hay que admitir que es una de las pocas evoluciones intelectuales que ha tenido la humanidad: cada vez somos más incrédulos. Eso es bueno ¡vaya que es bueno! Pero es terriblemente desesperanzador. Ahora, en este juego de apariencias, todavía hay un rasgo de la personalidad que no se deja disfrazar a gusto: la cultura en el chocarrero plano individual.

     No creo equivocarme cuando digo que siempre se nota cuando una persona no ha abierto un libro en toda su puñetera existencia; es como aquélla vez que le preguntaron a Bush II cuál libro estaba leyendo y le dio por contestar <<El extranjero>>; por supuesto que a muchos nos ganó la risa ¡Bush leyendo a Albert Camus! ¡Ajá! Si ni siquiera fue capaz de cuestionar los informes truqueados de las agencias de inteligencia que, en teoría (¡ah la teoría, siempre tan a la mano!) estaban bajo su mando y nos quiere hacer creer que es capaz de leer dos líneas del trabajo del literato francés. La formación cultural se asoma aunque uno no lo quiera, es, junto con la orientación sexual, un rasgo que todos conocen sobre ti y es, junto con la orientación sexual, materia de chacoteos de pasillo y, como ya dije solo en casos de administración estúpida de la imagen, de escándalos públicos.

     ¿Sirve de algo la cultura para que los jefes se conviertan en estadistas? Me inclinaría a decir que sí, en especial cuando se trata de resolver problemas y no puedes confiar en nadie; es decir, casi todo el tiempo. Pero cuando uno estudia casos como el de Cardoso en Brasil, López Portillo y Castañeda hijo en México o de Fidel en Cuba uno termina preguntándose ¿qué demonios les ocurrió? Y es que; nadie espera actos brillantes de la familia Bush o de Evo Morales o de Ahmadineyad… solo las moscas saben lo que pasa, diría el maestro Monterroso.

 

Ger JM  

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