¡Bienvenidos! El efecto cubículo

Me gusta mi nuevo trabajo, todo es muy distinto respecto de lo que hacía en el banco. Se trata de una agencia de cobranza de alta mora y yo entré como uno de los gerentes del área comercial. Pero no quiero hablar sobre mis actividades en la agencia, en cambio, quiero platicar sobre lo que identifico como “el efecto cubículo”.

    Esta empresa es muy pequeña; todas sus instalaciones se reducen a un solo piso de un corporativo de oficinas en Polanco. Somos a lo mucho 60 empleados divididos en unos diez departamentos, sí, a mí también me pareció de lo más pintoresco ¡cada departamento está integrado por cinco o seis personas! Es, lo que se dice, una microempresa o al menos a mí me lo parece dado que trabajé durante años en una transnacional que emplea (y explota) a cientos de miles de personas. En mi área mantenemos una comunicación muy estrecha, sería ridículo que no fuera así cuando somos tan pocos, pero con mucho trabajo le hablamos a los vecinos del departamento adjunto ¡y eso que solo nos separan tres metros!

     Como mi trabajo consiste en localizar a diversos deudores e inversionistas en provincia viajo mucho pero, como casi todas las organizaciones, aquí también hay que hacer mucho, muchísimo, trabajo de escritorio. El trabajo de escritorio, el papeleo, lo realizo en un cubículo diminuto, es tan pequeño que si lanzo mi asiento hacia atrás con fuerza choco contra otro de los gerentes quien a su vez golpearía a otro iniciando un efecto dominó. Puede sonar incómodo, y sí, lo es, pero es trabajo y en consecuencia difícilmente la comodidad importa.

     De esta incomodidad deriva lo que yo llamo el efecto cubículo. El efecto cubículo es el triunfo del sedentarismo sobre el afán exploratorio del hombre, sus características son:

a)      Toda comunicación entre departamentos debe hacerse en primer lugar vía correo electrónico y, solo en caso de verdadera urgencia, vía telefónica (no importa que el destinatario del correo, o la llamada, se encuentre a un cubículo de distancia).

b)      Solo conoces por su nombre a las personas que conforman el departamento en el que trabajas y a las que se sientan a un costado tuyo; el resto del personal es como los ovnis: sabes que pasan frente a ti de vez en cuando, sabes que los has visto, pero no estás seguro de su existencia.

c)      Cuando alguien comenta sobre un accidente que le ocurrió a Fulano de tal área te parece que están describiendo los últimos acontecimientos en los Balcanes; es tan lejano que no te involucras emocionalmente.    

d)      Y a pesar de estar separados todo el mundo se entera sobre lo que le pasa a todo el mundo dentro de la empresa; que si Mengano anda con Sutana y que si Perengano es maricón de clóset y que si Fulano quiere correr a todo su personal; los chismes corren y todos conocen la personalidad de todos aún cuando nunca hayan cruzado una palabra entre sí.

e)      Las alianzas y la formación de grupos de choque también es cosa común; se forman tantas células revolucionarias como cubículos conforman las instalaciones.

f)       Y aunque hay tan pocos empleados también aparece de vez en cuando un paracaidista: nadie sabe qué hace ni cómo justifica su sueldo, pero ahí está, siempre presente, siempre involucrándose con todos los grupos; es como la maleza de cualquier jardín: por más que la podas siempre vuelve a aparecer.

El efecto cubículo, una partícula más de la sociología del trabajo de estos tiempos truculentos.

 

Ger JM

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