Instructivo para ganar una guerra (segundo cuento del proyecto)

Este es el segundo cuento del proyecto, algunos me han preguntado sobre cómo ha de titularse el libro, a lo cual yo contesto: “No tengo ni puta idea”. En realidad me he fijado un plazo bastante largo para terminarlo.

Espero sus comentarios.

 

 

Instructivo Para Ganar Una Guerra

 

 

     Primero es indispensable que el lector se olvide de toda recomendación medianamente innovadora o que apele a las formas más elementales de originalidad pacifista. La paz, como el hombre, es tan contradictoria que para lograrla se deben surcar los caminos de la guerra.  Así pues recuérdese: cada vez que sienta la necesidad de valerse de la inteligencia de un diplomático piense en las ventajas de la fuerza y de la cantidad de tiempo que se requiere para llegar a un acuerdo con el enemigo (en términos de eficiencia siempre será mejor detonar una bomba a redactar una estrategia política). Una vez dicho lo anterior comencemos.   

     Buscar excusas para desatar conflictos bélicos no es tan difícil como podría suponer un ciudadano común, de esos que votan cada tres o cuatro años para reelegir al congresista local y, muy de vez en cuando, hasta vota para designar a su Presidente. Es bastante sencillo. Solo se necesita refugiarse en un argumento, sin importar cuán acertado sea, acerca del porqué se requiere una guerra. Se puede decir, por ejemplo, que determinados gobiernos extranjeros producen armamento de destrucción masiva, (el que cuenten o no con los recursos económicos y materiales para ello carece de relevancia) constituyendo una amenaza para la seguridad mundial; se puede decir, también, que la democracia es la virtud que justifica cualquier número de vicios, así, en nombre del progreso y los valores del mundo bien una guerra, como una intervención, quedan completamente justificadas. Y es que, lo importante, no es convencer sino disfrazar motivos: uno puede querer apropiarse de los recursos energéticos de un país o sencillamente implantar una cuña en determinada zona geopolítica del planeta, todo se vale, siempre que se tenga la tenacidad suficiente para decir, y repetir hasta el fastidio, que la empresa solo busca liberar a los pueblos que padecen bajo el yugo de un dictador, éste argumento, debe entenderse, será la justificación frente a la prensa y frente a la opinión pública, sin que importe demasiado quién es quién en la prensa o qué significa eso de “opinión pública”.

     Hablando de opinión pública debe tenerse en cuenta que en esto de las guerras hay muchos intereses de por medio. Quizá un par de países, a lo mejor Francia o Alemania, o, incluso, Rusia se opongan a desatar un conflicto por el solo placer de hacerlo. El lector no debe preocuparse, cuando se cuenta con la mayor fuerza destructiva del orbe la inteligencia del mundo nada podrá contra nosotros, así, no modifica en lo mínimo nuestros planes bélicos el hecho de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas  no avale la pequeña aventura. No se olvide, a toda costa, que los aliados solo son útiles cuando traen consigo el más puro e incondicional de los apoyos (si al respecto queda alguna duda favor de consultarlo con el primer ministro del Reino Unido, él podrá explicarles con maestría las ventajas de los espaldarazos o, de no estar disponible, pregúntenle al Jefe del Gobierno Español o al Premier Italiano, y si tampoco les reciben, ya en el más depauperado de los casos, platique con los líderes de Australia y Dinamarca; todos son especialistas en la materia). Por otra parte si los detractores cobran fuerza e insisten en que la guerra solo renueva la naturaleza más deplorable de los hombres se tienen varios caminos de acción. El primero consiste en organizar boicots comerciales contra los productos de los países pacifistas, para tal efecto se propone derramar vino francés en las alcantarillas y después transmitir las imágenes del acto simbólico por televisión nacional y satelital. Una segunda alternativa es amenazar con represalias de corte político tales como negarse a suscribir acuerdos en pro del cuidado ambiental o, incluso, no conceder visas a los ciudadanos de los países que se atrevieron a blasfemar en contra del Todopoderoso. Esto en cuanto refiere a los países desarrollados pues, conforme el más burdo sentido común, para hacerse del apoyo de las naciones del Tercer Mundo basta con amenazarles con desestabilizar sus frágiles economías, prometerles créditos como de, no sé, unos quince mil millones de dólares a cambio de permitir que las tropas del ejército usen su territorio y espacio aéreo o, si de paso el lector desea mostrarse generoso, suscribir un acuerdo migratorio a cambio de apoyo diplomático. Los estrategas deben mostrarse ingeniosos y recurrir a todas las propuestas imaginables. El prometer no empobrece el dar es lo que aniquila (como diría algún ocurrente mexicano). Si, a pesar de todas estas medidas, los pueblos de las naciones invasoras se manifiestan en contra de sus gobiernos, si en contra de las reglas no escritas del establishment los iconos más importantes del mundo de lo fascinante formulan declaraciones en contra de la guerra (como, puede ser, en la ceremonia de entrega de los Oscar o en algún video musical, o, como diría el caballero aquel de la Triste Figura “Todo puede ser Sancho, todo puede ser”, a lo largo de alguna conferencia de prensa) no deben preocuparse. Todo mundo sabe que las guerras se desatan entre gobiernos, no entre pueblos. Así que al pueblo déjesele en paz que ya llegará el momento en que recapacite para subordinarse, como debe ser en toda democracia civilizada, a los lineamientos de los gobernantes en turno. Otro opositor de peso es el Vaticano. Quién sabe porqué pero de unos lustros para acá en el solio pontificio no se ha vuelto a sentar otro Borgia, lo cual es deplorable, la salud de la política internacional ya no es lo mismo sin un Papa que juegue con los hilos del poder. Como sea, es casi seguro que el Papa se oponga a la guerra y que, no teniendo mayor cosa qué hacer, envíe a sus emisarios para que se ocupen de hasta lo imposible por detener la invasión. No se altere señor lector, usted reciba a los emisarios, platique con ellos y déles vueltas y más vueltas, no importa que hablen a título de valores universales o que lo sermoneen con temas como la importancia de la vida y la autodeterminación de las naciones, mas adelante se verá que Dios está con nosotros no con los humildes. Por último téngase por segura la oposición de los intelectuales de aquí y de allá, al menos con ellos se conoce de antemano su reacción. Pero no se les desprecie, tenemos la mala suerte de que sean la memoria del mundo, y en una de esas logran desquitarse. Una opción muy aceptable es redactar una lista negra de las celebridades que se oponen a las formas  por medio de las cuales se conduce el mundo para arrancar una persecución digna de McCarthy o de Beria, en esta lista todos caben, actores, cantantes, escritores, artistas y los cientos de miles de miles que se manifestarán en todas las metrópolis contra la invasión. Paciencia, que ni los mejores inquisidores lograron erradicar a cuanto hereje hubo en su tiempo.

     Hemos llegado a un punto en donde es preciso hablar de Dios. No hay guerra, desde los tiempos del Emperador Amarillo, que no se desate con el aval del Omnipotente. Monarcas y Presidentes, Dictadores y Jefes de Gobierno recurren a la palabra del Señor para justificar sus actos y conferirles un toque de distinción y grandeza. Esta no ha de ser la excepción. Dios está con nosotros así pues si Dios está con nosotros es evidente que el Mal son los otros, por lo tanto, siguiendo la línea del discurso, invadir y destruir  no puede ser un pecado siempre que Dios nos respalda en todo momento. Se propone, como medida opcional, que se funde una subsecretaría en el Ministerio de Información que lleve por nombre Subsecretaria De Asuntos Relacionados Con Dios Y Demás Potencias Subterráneas, esta reforma, aparentemente administrativa, permitiría informar al pueblo, todos los días, de cuál es la voluntad del Señor en lo concerniente a democracias y sistemas de organización política. Es posible que el enemigo también hable de Guerras Santas e invoque a toda la camada de divinidades a su servicio, mas esto no modifica en nada los planes, Dios solo apoya a uno y ese uno, claro, es el más poderoso. Por algo Dios es Dios.             

     En cuanto a los costos de la guerra se presentan, por sí mismas, varias alternativas de financiamiento. Una guerra es cara, por lo tanto, pedir al Congreso una cantidad como de, aproximadamente, setenta y cinco mil millones de dólares nunca estará de más; si las cosas marchan bien y el fervor patriótico, tan desquiciante como inefable, toca a buen punto tenemos altas probabilidades de embolsarnos más de lo solicitado, a fin de cuentas, los congresistas, como el titular del Ejecutivo, trabajan con políticas de Estado no bajo las ridículas peticiones originadas en la raíz del padrón electoral. A manera de comentario al margen, y sugerencia del todo efectiva, se recomienda que una vez terminada la guerra el lector hable de reducción de impuestos y reformas fiscales a favor de los pequeños contribuyentes. Si la reelección estaba prácticamente asegurada con el triunfo logrado durante la  guerra con esta medida (incongruente pues aumentará en términos absolutos el déficit público pero completamente redituable en popularidad) su amarre es definitivo.

     Todo lo anterior, en conjunto, debe considerarse tan solo la fase preparativa de la expedición. Es la etapa más difícil y agotadora, pero una vez superada viene lo bueno.

     En otros días anticuados, como lo es actualmente el comportamiento honorable en tiempos bélicos, el Jefe de Estado declaraba la guerra en nombre de su país. Hoy se prescinde de declaraciones formales y se procede directamente al ultimátum. Un ultimátum debe ser como de unas cuarenta y ocho horas y debe exigir algo así como que el Gobierno enemigo abandone el país o cualquier cosa que se sabe no se cumplirá. Lo del ultimátum, se adivina, es una formalidad, debemos proyectar una imagen de moderna tolerancia, para que el mundo crea que se han agotado todas las líneas de batalla diplomática y para que, la misma gente crea que la guerra fue la última alternativa. Una vez cumplido el tiempo límite deben iniciarse los bombardeos, preferentemente, dirigidos hacia edificios administrativos de la capital del país y empleando, exclusivamente, bombas inteligentes. Para lo último una acotación: entre las personas que se sienten inteligentes siempre hay una que no lo es pero que fue admitida en el grupo porque parece serlo; entre las bombas inteligentes pasa lo mismo: un par de idiotas se infiltran en el arsenal provocando desvíos contra hospitales y hoteles donde se refugian periodistas y ciudadanos, nada de qué lamentarse, en la próxima conferencia de prensa pídanse disculpas y atribúyase el error a una llana cuestión de cálculo. Pero, por nada se detengan los bombardeos. Si todo sale bien en unos veinte días la guerra estará ganada. Por cierto y ya que estamos hablando de la prensa: ganar su favor no es tan complicado, si el lector se pone listo hasta obtiene un ingreso económico adicional acallando simultáneamente las pretensiones de los periodistas, que nunca faltan y siempre son impertinentes, vendiendo los derechos de explotación de la guerra. Siempre habrá una poderosa empresa de comunicaciones dispuesta a adquirir en exclusiva los derechos de transmisión ¡Se imaginan! En una de esas se logra obtener el mismo raiting que unos Juegos Olímpicos o un Mundial de Fútbol Soccer; por otro lado no se altere si le acusan de cínico y si de plano no aguanta las críticas recurra a otra estrategia como puede ser llevar a periodistas entre las tropas invasoras para que luego no digan los señores reporteros que no tienen acceso de primera línea a los eventos que van desarrollándose. Si a pesar de todas estas muestras de magnanimidad se sueltan por ahí, a sus anchas, un par de periodistas en busca de protagonismo usted déjelos y ya. O sucumben en el desierto o caen ante el enemigo. Y si después le acusan de no haber hecho lo necesario por protegerles usted desentiéndase y pase a la siguiente pregunta (o diga que solo es responsable de los periodistas con nacionalidad inglesa o norteamericana, seguro se le echan encima pero al menos así quedarán claras las cosas). A pesar del pragmatismo de estas recomendaciones no se tome a la ligera el papel de los periodistas, aun cuando la mayor parte del tiempo la pasen redactando artículos de opinión en lugar de reportajes, es mas, en la medida de lo posible censure la transmisión de imágenes de guerra ¡Una imagen de un niño amputado puede más que mil argumentos en contra de la guerra! Así, acuse a las cadenas de televisión y a los medios impresos de su país de antinacionalistas cada vez que publiquen una fotografía poco halagadora del conflicto. Mucho cuidado con las imágenes, son la materia prima de la inteligencia contemporánea.     

     Pasemos a otros asuntos. La invasión irá mostrándose difícil los primeros días. Los ejércitos del dictador defenderán los puertos para después retirarse hacia la ciudad capital. Usted tranquilo. Mande hasta el frente de batalla a los soldados de origen extranjero, los mismos que aceptaron luchar enarbolando su bandera a cambio de la promesa de una nacionalidad, le apuesto que de a mínimo el enemigo se enjareta cinco prisioneros de guerra y le aseguro que las imágenes de los fusilamientos serán transmitidas por todo el mundo. Aguante vara, una ventaja de la información multimedia es que es incapaz de ser retenida por más de tres días en la memoria del vulgo, en tres días se olvidarán estas y otras atrocidades. Lo que nunca debe olvidarse es que conforme sus tropas avanzan hacia la capital (que a lo mejor se llama Bagdad o Kabul o lleva por nombre alguna otra palabra un tanto difícil de pronunciar sin cortarse la lengua con el filo de los dientes delanteros) los servicios urbanos, tales como el suministro de agua y energía eléctrica, serán interrumpidos. En ese momento convoque a Naciones Unidas para que venga a limpiar el tiradero que usted fue dejando, total, si los señores embajadores de los gobiernos pacifistas se quejaban de unilateralismo ahora es cuando usted debe darles chance. No se le pase ir dejando custodios en las instalaciones petroleras del país, si por alguna razón se le acaban las tropas y no le es posible ofrecer protección a los museos e instituciones culturales ni modo, al final seis mil años de historia huelen a caduco. De antemano le advierto sobre el surgimiento de aguafiestas que le pondrán en las narices los acuerdos de Ginebra. Haga como que no ve, como que no escucha y, claro, como que no entiende. Cierre los ojos y acuérdese que usted dirige a un país que se caracteriza por desvirtuar día tras día los acuerdos firmados con las demás potencias (chiquitas pero potencias al fin) en beneficio de las élites que le llevaron a ocupar esa bonita y aséptica oficina oval. También le advierto que debe meter en cintura a sus tropas. No vaya a ser, ni Dios lo mande, que un soldado con iniciativa cometa la tontería de desplegar la bandera del país invasor sobre la efigie del tirano depuesto porque entonces se le cae el teatrito ¡Se supone que usted encabeza una coalición de, por lo menos, cuarenta países! ¡Qué sería si dicho soldado, en un gesto natural e incuestionable, nos sale con semejante detalle! Así que póngase listo porque si no todo su esfuerzo puede redundar en perjuicio propio. A propósito de detalles si al término de las hostilidades resulta que no encontró ni una bolsita de ántrax entonces diga que todo valió la pena ya que en virtud de su trabajo ahora el mundo es un lugar un poco más seguro.  

      Por último, los trabajos de reconstrucción. Etapa aburridísima y sumamente costosa. Se recomienda al lector que imponga un gobierno temporal encabezado por algún general retirado, divida en tres zonas administrativas el territorio conquistado, o lo que es lo mismo, el territorio liberado y ya, no haga más: desentiéndase del caso, que para labor de reconstrucción y asuntos de naturaleza semejante están las ONG’s, usted disfrute de sus laureles y vaya pensando en invadir alguna otra nación con membresía en El Eje del Mal como Siria, Libia o Corea del Norte.

      Si tiene alguna duda favor de remitirla por correo, anexe fotocopia que le acredite como gobernante republicano impuesto por fraude electoral, en caso contrario favor de abstenerse.   

 

Ger JM

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