Archive for Crítica de eventos culturales y artísticos

Sobre Paredes Pintadas.

     Habitualmente cuando acudimos a un museo lo hacemos impulsados porque de por medio hay una exposición que destaca por su originalidad, la misma que es eventual y obliga por ello mismo a visitarla antes de que llegue el momento de su conclusión; sin embargo, olvidamos que los museos, especialmente los que podemos encontrar en México, albergan bastas colecciones que exhiben de forma permanente y que, muchas veces, son tan importantes que incluso dieron origen al museo que las hospeda. Uno de estos recintos es el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

    El Antiguo Colegio de San Ildefonso es un recito cultural administrado de manera conjunta por la UNAM, el Gobierno del Distrito Federal y el CONACULTA; fundada en el siglo XVI como recinto de los jesuitas hoy es un importante foro que se caracteriza por organizar continuamente exhibiciones fotográficas, de arte plástico, de arte alternativo y muestras de producción artística individual que siempre se caracterizan por contar con el trabajo de curadores profesionales e innovadores que obligan a decir, como mínimo <<Estos cuates saben armarla y bien>>. Pero este mismo edificio, que alguna vez fungiera como la Escuela Nacional Preparatoria, es también sede permanente del trabajo muralístico de grandes pintores y precisamente de esto quiero platicarles.

    Primero les quiero contar un chisme, algo atrasado, lo admito, en especial si se considera que la carnita del chisme se hizo presente durante los años 20’s del siglo pasado. En aquel entonces don José Vasconcelos era titular fundador de la Secretaría de Educación Pública, el maestro Vasconcelos era un intelectual inquieto y que buscaba de todos sus colaboradores lo mejor, precisamente por ello mantenía una relación muy cercana con las diferentes escuelas e instituciones que integraban su despacho, una de estas escuelas era La Escuela de Pintura al Aire Libre en donde conoció el trabajo del pintor Fernando Leal; Fernando era un pintor bastante rebeldito, se negaba a pintar lo que sus profesores le decían que tenía que pintar y en su lugar le dio por crear obras en donde los protagonistas era indios armados hasta los huaraches mientras que sus compañeros pintaban flores o escenas bucólicas. Precisamente por rebelde y mal portado don José Vasconcelos lo invitó a tomar sus pinceles y escoger una pared del Antiguo Colegio de San Ildefonso para que hiciera con ella lo que le diera la real gana y ya de paso le permitieron invitar a sus cuates para que hicieran lo mismo con otros muros del mismo edificio. Gracias a esto hoy podemos contemplar la obra de José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Fernando Leal y otros importantes artistas del muralismo mexicano en las diferentes paredes que dan al patio interior del museo. El color, la intensidad de las emociones y la sangre derramada por la búsqueda de justicia social conviven en silenciosa pero contundente algarabía en cada mural. Indios danzantes, obreros exigiendo pan y libertad, campesinos inmolados y gobernantes corruptos inundan cada una de las pinturas obligándonos a maravillarnos por la excelencia del genio artístico de estos rebeldes de aquellos días.

     Vale la pena ir al Antiguo Colegio de San Ildefonso a maravillarse un poco, lo cual, en estos días en donde el cinismo ha logrado que nada nos sorprenda no implica poca cosa. Ubicado justo detrás de la plancha del Zócalo es un patrimonio nacional que no pueden dejar de disfrutar y ya que andan por ahí pasan por unos tlacoyos o unos deliciosos esquites preparados justo a la salida de la Catedral Mayor.

    El Antiguo Colegio de San Ildefonso, ubicado en calle Justo Sierra No. 16 en el Centro Histórico en la Ciudad de México; el costo de entrada es de 45 pesos si hay exposiciones temporales y los martes es gratuito el acceso.

Germán Jiménez.

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El Buen Negro.

Casi todo el fin de semana anterior me vi recluido en mi humilde cueva, hay algo en el clima actual de la Ciudad de México que te exhorta a redescubrir las virtudes del sedentarismo: con un frío extraño por las mañanas, calor sofocante al medio día y lluvia por las tardes parece que lo mejor que uno puede hacer es acomodarse en la sala, tomarse un par de tequilas y acompañarlos de la lectura de un buen libro. Pues bueno, eso fue exactamente lo que hice (excepto por lo de los tequilas, debo reconocer que fueron ¡ejem!, más de dos).

     Del sello editorial “Quimera” tuve el gusto de descubrir la novela del escritor brasileño del siglo XIX Adolfo Caminha titulada “El Buen Negro”. La obra, si le prestamos atención al prólogo que, siendo lapidarios, fue la única parte del libro que me desagradó, bien puede clasificarse como una obra tan representativa como escandalosa del movimiento literario de finales del siglo XIX que se conoció como <<naturalismo>>. El naturalismo, intentando reducir la explicación a un par de frases y por ello mismo injustas, consistió en dejar a la pluma fotografiar las condiciones sociales y políticas de los pobres de aquéllos días (esa es precisamente su principal diferencia respecto del <<realismo>> pues éste último se enfoca a retratar las costumbres y estilo de vida de las clases económicamente privilegiadas además de que surgió un poco antes que el naturalismo). Su autor, Adolfo Caminha, tuvo el increíble mal gusto de morir antes de cumplir los treinta años. No podremos dejar de recriminárselo nunca: las plumas estridentes deberían ser tan longevas como los prejuicios que combaten ¡pero qué se le va a hacer! Adolfo se fue legándonos una obra breve pero deliciosa de entre la que destaca este libro.

     La novela durante su primera publicación hace más de un siglo causó incomodidad. En sus páginas encontramos descrito el abismo social existente entre la población llana brasileña y la burocracia portuguesa, vemos cómo se va gestando en las calles el clamor republicano contra las últimas exhalaciones del imperialismo portugués en el Brasil preindependiente, vemos el racismo y la esclavitud sin abolir en la práctica y vemos tortura y sangre manar por la cubierta de los barcos de la marina imperial. Pero nada de esto escandalizó ¡la miseria hoy en día sigue sin molestarnos como en aquéllos días tampoco causaba mucha incomodidad! Lo que causó horror fue que el protagonista, un negro bruto y cariñoso, parrandero y trabajador, medio guapo medio horroroso, musculoso pero decadente, marinero por elección y trotamundos por anhelo se enamora perdidamente de un adolescente rubio y de oficio marinero igual que él. Es la historia de un negro encantador por humano que se enamora de un muchacho y en donde las cosas salen cabronamente mal.

    Algo que bien vale la pena destacar del libro es que, aunque enmarcado en una corriente literaria que se caracterizó por concentrarse en la descripción de los hechos tal y como los veía el autor, un reflejo cruel y sin matices aunque complementado con la descripción casi siempre bucólica de la naturaleza; en esta novela se nota una incipiente tendencia a no solo describir el medio, el escenario en donde se desarrolla la historia sino que también intenta adentrarse en la psicología de los tres principales personajes. Adolfo Caminha logra que los escenarios no terminen con la descripción de una casa de huéspedes o de la olorosa salinidad del océano sino que se prolonga hasta indagar en la mente del Buen Negro haciendo del rencor y de la pasión que éste experimenta una parte indispensable de toda la obra; podemos decir que es una incursión temprana a la novela psicológica tal y como la conocemos en nuestros puñeteros días.

    Me rehuso a contarles más, léanlo. Su lectura fluye ininterrumpidamente en una sentada y deja un saborcito en la boca como a chocolate amargo.

     “El Buen Negro” del sello editorial independiente Quimera; Adolfo Caminha en la magistral traducción del maestro Luis Zapata y con el cuestionable prólogo de Alfredo Fressia (les sugiero leer el prólogo solo cuando hayan terminado la novela, la razón de ello es que en él se comete el terrible pecado de decir cómo termina el libro).

 

Germán Jiménez.

       

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Sobre la voz apagada de la crítica.

     Este domingo de puente (15/11/2009) me di una vuelta por el museo Tamayo.

    El “Museo Rufino Tamayo de Arte Contemporáneo” ubicado en el Bosque de Chapultepec monta una exposición titulada “Inconquistable. Visiones Críticas De Corea del Sur” en colaboración con el “Arts Council Korea”. La información del evento la encontré en la propia página de Internet del museo por lo que decidí ir con un entusiasmo que se apagó a los pocos minutos de haber llegado al recinto cultural.

    Antes de explicar mi decepción platiquemos un poco sobre el estatus actual de la crítica de arte.

 

a)      Cuando a la basura no se le llama basura.

 

    La crítica de arte, especialmente la crítica literaria y la crítica de las artes plásticas, es un ejercicio intelectual que está en plena decadencia, aunque sería más adecuado decir que está en plena sobrevivencia ¡ya nadie se atreve a criticar nada! Es políticamente incorrecto decir que la obra de un artista es mala, es más, hemos llegado a un extraño punto en el que decir que el trabajo de un artista no es de tu agrado te califica de inmediato de retrógrada ¿es acaso una nueva clase de puritanismo?

    ¿Por qué se le teme tanto a la crítica? ¿Por qué tememos decir que la basura es basura?

 

    b) Recordando un poco.

 

    Hagamos un recuento. A finales del siglo XIX y principios del XX tres artistas que forjaron escuela fueron maltratados vilmente por la crítica de aquel entonces, es más, ni siquiera fueron maltratados sino que fueron totalmente ignorados por la élite intelectual. Estoy hablando de:

–          Vincent van Gogh, el pintor que fundó el expresionismo.

–          Paul Cézanne; padre del cubismo.

–          Henri Paul Gauguin, de quien nació el primitivismo.

     Debido a que los críticos apenas repararon en el trabajo de los tres artistas que definirían las principales tendencias en el arte de la primera mitad del siglo pasado fueron castigados con un velo de ignominia: sencillamente los críticos no sabían nada de arte ¡cómo pueden saberlo si ignoraron a los tres más grandes genios de las artes plásticas modernas! Luego entonces ser crítico es participar de esa estrechez mental, por lo mismo ¡censura, censura, censura! ¡Que nadie abra el pico para criticar!   

 

b)     Rebelión.

 

     La crítica es necesaria, la crítica es indispensable. La crítica es el ejercicio intelectual que permite indagar en el alma del arte, sin su puntual tarea no es posible distinguir el arte de las ocurrencias, el arte de la basura.

     La inteligencia de la humanidad ha evolucionado gracias a la crítica, esa misma inteligencia se oscurece cada vez que la crítica calla.

 

c)      Sobre “Inconquistable. Visiones Críticas de Corea del Sur”.

 

    Basura.

   Y ni siquiera basura interesante.

   La exposición está integrada por una serie de proyecciones de fotografías, unos cuantos cortometrajes mal filmados (lo cual me recuerda cuan sencillo es llamar “arte audiovisual” a una película fallida) y uno que otro cachivache dispuesto de tal modo que se supone debe tener un gran significado.

     A mi parecer lo único rescatable es el ejercicio literario en donde se giran instrucciones de cómo convertirse en árbol, en roca y hasta en aire acondicionado. Eso realmente me gusto.

 

                                                                                                                                              Ger JM

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¡Bienvenidos! Sobre MACO 2009.

Del 22 al 26 de Abril se celebra en la sala “D” del Centro Banamex (Hipódromo) en la zona metropolitana de la Ciudad de México la exposición MACO, México Arte Contemporáneo, en su edición del 2009. El evento congrega a un muy buen número de galerías internacionales, 90 de acuerdo a los organizadores, y expone el trabajo de muchos artistas y otros tantos que pretenden serlo, más de 800 según la publicidad del evento. La distribución del espacio, la curaduría, la organización y en general la logística del evento es excelente, nada podríamos objetarle; por los stands se camina cómodamente y en ningún momento se padece de lo que yo llamo “claustrofobia en pago por evento”. Cabe mencionar que la difusión que el comité organizador hizo del evento para que los jóvenes acudieran también fue muy buena, lo cual, claro, debe agradecérsele a los patrocinadores. Es bueno saber que un importante número de empresas tienen entre sus estrategias de mercadotecnia el apoyo a este tipo de eventos como la revista “Chilango”, “Volaris”, “Dos Equis”, “Audi” y otras más.

    Así pues, el evento es un éxito y reconocemos su valor como elemento difusor de la cultura en México.

    Sin embargo; quiero utilizar esta exposición como excusa para platicar un poco sobre la deplorable situación del arte contemporáneo.

Teoría de la confusión.

    ¿Qué es el arte? ¡Uf! ¡Con la Iglesia hemos topado Sancho! Es tarea del todo imposible definir qué es el arte. Quizá, como hacen los teólogos, debemos definirlo por negación; es decir, diciendo qué no es arte. No es arte el trabajo ocurrente y no es arte el diseño. Punto.

Teoría de la ocurrencia.

     Alguna vez entre Carlos Monsiváis y Octavio Paz se desató un debate que a muchos nos mantuvo de lo más entretenidos. Resulta que en entrevista concedida por el maestro Paz se le preguntó sobre qué opinión guardaba del trabajo de don Carlos Monsiváis; la respuesta del maestro fue como mínimo interesante, tildó a Monsi de ser un hombre de ocurrencias pero no de ideas. Posteriormente Monsi regresó el batazo diciendo que él podía ser ocurrente pero en cambio Paz era un boticario. Es obvio que ambos escritores siempre se respetaron y no se entendería el panorama de las letras mundiales de estos tiempos truculentos prescindiendo de la obra de cualquiera de los dos pero la anécdota sirve para ilustrar un poco: ¿qué es esto de la ocurrencia?

    Ocurrencia es tomar la fotografía de una flor, encerrarla en la vitrina de un carrito de dulces y sobre su plataforma colocar un florero con una hermosa flor roja ornamentando el conjunto. Es una imagen bonita, sí; original, también; una imagen que te saca una sonrisita, por supuesto. Pero no es arte.

    Ocurrencia es un candelabro compuesto de alambre de desecho y una que otra cuenta de cristal salpicada en su estructura; te hace reflexionar sobre la banalidad del lujo, sí; te causa extrañeza, también. Pero no es arte.

     Ocurrencia es filmar un corto en un hotel de la ciudad de México para denunciar… pues no sé realmente para denunciar qué porque no tiene ni pies ni cabeza; un cineasta diría, sin pelos en la boca, que todo cortometraje mal logrado puede llamarse trabajo experimental o arte de vanguardia si se es lo suficientemente cínico; por supuesto que no es arte, es más, creo que ni a ocurrencia llega.

    Una ocurrencia consiste en utilizar recursos intrascendentes (como una flor, alambres de desecho y hasta hoteles citadinos) para transmitir un mensaje provocando en el espectador emociones (agradables, grotescas, censurables…); se construye por completo de instantes, por ejemplo la florecita sobre el carrito te hacer sonreír una vez pero no más (a menos que estés medio lurias, pero eso es asunto de otro cuento). Y no es arte porque no utiliza técnicas que requieran por parte de su creador un conocimiento profundo en fotografía, en escultura, en pintura… cualquier farsante puede disfrazar una ocurrencia con la absolución de la etiqueta <<arte>>.

Teoría del diseño.

     El diseño busca la creación de productos que además de funcionales sean estéticos; es decir, busca humanizarlos. Un diseñador requiere de conocimientos técnicos que le permitan crear un producto. Su tarea, pues, es totalmente funcional y es innovadora y artística (en un sentido estético) pero su trabajo no puede ser concebido como arte pues un producto se crea para servir mientras que el propósito del arte sigue sin ser descubierto y esperamos que a nadie se le ocurra imponerle una función.

    Así pues una botella de refresco muy bonita es un gran avance para el diseño industrial y sin duda terminará atrayendo a un mayor número de consumidores; pero una botella de refresco no es arte.

     Un pedazo de lámina utilizado como lienzo para formar un collage con etiquetas de desecho industrial puede ser una propaganda muy efectiva para cuestionar los niveles de desperdicio en el sector manufacturero de la economía mundial, pero, no es arte ¡cómo va a serlo! ¿Cómo puede considerarse arte, es más, como puede considerarse artista al autor de este collage cuando en su obra no hay pasión, no hay técnica, no hay ni siquiera perspectiva? ¡No hay nada! Es un póster digno de la portada de una revista editada por Green Peace, y ya.

     Conclusión: el diseño industrial no es arte.

Teoría de la pretensión.

     Estar abiertos a nuevas propuestas no significa que todo lo que sale al mercado, en este caso, todo lo que una galería cualquiera nos muestra se pueda considerar arte. Sé que para muchos creadores resulta de lo más molesto que les digan: tu trabajo es basura, de la buena, cierto, pero no deja de ser una basura brillante; por muy molesto que sea no puedo dejar de decirlo; y es que, hoy en día decir que se es crítico de arte es casi lo mismo que aceptar que padeces de alguna clase de pandemia característica del Medioevo como peste negra o algo peor. Bueno, pues no debemos callarnos ¿y qué si porque no nos gusta el candelabro hecho de desperdicios nos llaman retrógrados? Por favor, el insulto es el recurso del artista frustrado; no somos paladines de la contrarreforma solo tenemos la formación intelectual y el criterio suficientes para identificar justo el momento en el que las pretensiones de un <<artista>> llegan a querer vender una ocurrencia en miles de dólares haciendo pasar su basura por arte.

     El arte (aunque muchos digan que su creación está abierta a todos, que es accesible a todos, que el arte es la mejor materialización de la democracia) debe llegar a todo el mundo, cierto, pero eso no significa que todos sean capaces de crearlo.

     Para crear arte se debe dominar primero la técnica; sin técnica no hay arte. ¿Qué es la técnica? Técnica es haber pasado horas frente al lienzo, enfrentándose al uso del pincel y la pintura. Técnica es tener las manos llenas de callos por empuñar el cincel contra la roca. Técnica es haber leído el trabajo de cientos de artistas, de escritores, y haber escrito cientos de hojas incoherentes hasta volverse legible. Técnica es sumergirse en la obra de todos los creadores que te han precedido para aprender de su maestría y compartir su locura. Técnica es talachearle para aprender a usar el pincel, la cámara fotográfica, el bolígrafo, el cincel, la maldita computadora y técnica es saturarse del trabajo de los otros antes de exponer el propio. Sin técnica, sin talacha, no puede hablarse de arte, lo demás, es pretensión.

Sobre algunas obras que valen mucho la pena en MACO 2009.

    1) De Luis Gordillo, “Doble Hitchcockiano” y “Deslumbramiento”; 2) de Jan Hendrix, “Between Heaven and Earth”; 3) el trabajo de Ana Eliza Egreja; 4) la obra de Paulo Queiroz; 5) el arte de Maya Attoun, 6) la espléndida mezcla entre pintura y escultura de Hugo Lugo y; 7) la exhibición de la galería peruana Revólver.

    ¿Ustedes qué opinan?

                                                                                                                                                            Ger JM

Pd. Planeta Por Conquistar a la venta.

Pd. Planeta Por Conquistar a la venta.

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8 de Abril/2009. Hablemos sobre el G-20.

¡Bienvenidos!

Hablemos sobre el G – 20.

    Con motivo del término de la reunión del Grupo de los 20 en Inglaterra los analistas especializados en política internacional se han concentrado en decir que el presidente de los Estados Unidos, la Canciller de Alemania y el Jefe de Gobierno de Francia (Barack Obama, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy en el mismo orden) han mandado de manera más o menos conjunta, de un modo más o menos casual un mensaje al mundo: <<Ha llegado el momento de que el Estado  retome las riendas de la economía>>, ante esto solo queda decir ¡Vaya! Y pensar que para llegar a esta conclusión solo fue necesario que las principales economías del planeta y sus agregados culturales como México y, en general, toda la región latinoamericana, entraran en recesión al mismo tiempo porque ¿ya se nos olvido que las crisis económicas circunscritas a una zona geopolítica o a un país no provocaron en su momento debate sobre la naturaleza del sistema financiero mundial? A lo más se discutía sobre lo bien o lo mal que actuaron determinadas autoridades para superar los declives económicos: La crisis mexicana de finales de 1994, la crisis bancaria en Venezuela también en 1994, la crisis financiera asiática de 1997, la crisis de liquidez en Argentina del 2001 así como las burbujas inmobiliarias del Japón, la desaparición de las empresas punto.com entre 1999 y el 2003, el ataque especulativo a la libra esterlina en 1999 , y un largo etcétera que curiosamente nunca provocó inquietud generalizada; estas crisis se daban de manera periódica (cíclica nos diría algún mago de semáforo también conocido como economista ortodoxo), se tomaban como baches que no podían ser aplanados debido a que la enorme carretera económica internacional no se prestaba a manipulaciones.   

     Hagamos un poco de historia. El Grupo de los 20 nace en 1999 como un reclamo de los gobiernos de las economías emergentes a ser tomadas en cuenta durante los cónclaves que celebraban los 8 países más ricos del mundo <<Está bien, está bien, no hagan más pucheros, pueden sentarse a nuestra mesa>> así pues este grupo lo conforman el G8 original compuesto por los Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá y Rusia (en orden del PIB del 2008) y los doce países siguientes: China (que en realidad ya es la cuarta economía mundial), Australia, Brasil (ambas economías más desarrolladas que la rusa), India, Corea del Sur, Turquía, México, Indonesia, Arabia Saudita, Argentina y Sudáfrica; adicional a ello se invita a un representante de la Unión Europea para que haga acto de presencia y dé voz a los países que conforman en bloque dicha comunidad,  también, en las últimas dos cumbres se invitó a España y Holanda aunque en teoría ambas ya están representadas por la Unión Europea. Es necesario mencionar que independientemente de la integración de otros países las sesiones del G8 no serán interrumpidas, durante los próximos años seguirán sesionando como habitualmente lo hacen durante tres días una vez al año.

     El G20 no es una institución y por lo mismo, oficialmente, las decisiones que aquí se toman en materia de política y economía no tienen carácter resolutivo; la importancia de este club consiste en que sus miembros pueden implementar políticas que apliquen mundialmente porque al sumar sus votos en las instituciones como el Consejo de Seguridad de la ONU, el FMI o el Banco Mundial, esas sí con mucho poder real,  determinarán cuál rumbo seguirá el planeta. Es lo que, en términos literarios, llamaríamos una masonería bien lograda (al respecto no sé porqué muchos estudiosos del poder se empeñan en creer que hay complots de tiranos que buscan conquistar el mundo ¡pero cuál complot! Si los hilos del mundo se mueven en este tipo de reuniones).

     Hasta el 2008 la opinión pública internacional se complacía con los anuncios que se hacían al cerrar las sesiones del G8 o del G20 las cuales siempre prometieron más ayuda para combatir la pobreza en África o más recursos para frenar la pandemia del SIDA u otras declaraciones que, en su momento,  le imprimieron un toque políticamente correcto a la reunión; lo que se discutía poco (y se sigue apenas analizando) es que en esas mismas reuniones gobernantes, empresarios y banqueros coincidían en seguir fomentando el liberalismo ortodoxo (neoliberalismo) y la apertura indiscriminada de los mercados de las naciones política y económicamente débiles mientras los países del grupo fomentaban el proteccionismo interno, algo así como: déjame venderte al precio que a mí me plazca pero tú podrás venderme al precio que a mí se me siga antojando.  Pero esta vez al parecer fue distinto.

     Los líderes mundiales empiezan a reflexionar sobre la importancia de reglamentar el flujo de capital, sobre la imperiosa necesidad de no creer más en los postulados del liberalismo económico entre los cuales el más dañino ha sido el que reza que el mercado se regula por sí mismo ¡fatal error! ¡La ganancia no se autoregula! Es el Estado quien debe intervenir los mercados ¿por qué esto causa tanto temor? Los detractores de la reglamentación económica afirman que cuando el Estado mete la mano termina arruinando todo lo que toca ¿en verdad? Nadie ha dicho que el gobierno será el dueño del sistema productivo (eso, en efecto, ya pasó y las cosas salieron requete’mal) lo que se ha dicho (o por lo menos empieza a insinuarse) es que debe haber reglas que impidan que esta crisis se agrave o se repita pues ¡el postulado que dice que las crisis cíclicas no pueden evitarse es faso! El capital mundial no puede seguir lucrando sin reglas claras que limiten su ganancia y mucho menos puede correr a los brazos de papá Estado cada vez que termina arruinando las cosas ¡vaya doble moral: déjenme trabajar como me plazca pero si la riego entonces sí ayúdenme! Pues no.

     ¿Ustedes qué opinan?

Ger JM

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