Esferas sobre pasto (Octavo cuento del proyecto)

¿Qué servicio más útil puede imaginarse que el que se prestan

dos mulos cuando se rascan mutuamente?

Erasmo de Rotterdam

Elogio de la locura.

 

Esferas Sobre Pasto

 

     Esta es una de esas historias que más vale que les cuente, y la contada vale por dos razones. Primero, porque se me antoja; segundo, porque cada día me acuerdo menos y, como no queriendo la cosa, si no me apuro se me va a olvidar, matarilerilerón.

     Cuando tenía unos veinte años, a lo mejor veintiuno, me ocurrió algo bastante inusual, inusual para un brujo de Catemaco e inusual para cualquier persona, un día, no me acuerdo si era martes, pero, igual y pudo ser miércoles o jueves, como a eso de las diez de la mañana recibí una llamada telefónica del señor Presidente; bueno, tampoco fue así como así, en ese entonces en el pueblo apenas si había uno que otro teléfono, yo todavía no me casaba con la Greñuda y vivía en una choza allá por los linderos junto a la tienda de doña Chenga, me acuerdo ¡porque de eso sí me acuerdo! Que doña Chenga tocó como la histérica que siempre fue a la puerta, Joven Matías, joven Matías, todavía me parece que escucho su voz chillona entre sueños, Joven Matías por amor del cielo ábrame, la puerta de madera carcomida desquebrajándose con cada golpe, los chillidos de la doña más y más agudos y los párpados, resignados, o, más bien, independientes, abriéndose para recibir la luz mezclada con polvo, Voy, Voy, ni que se estuviera acabando el mundo, Ábrame joven, pero apúrese, me puse el pantalón de lona, hice buches de agua y me quedé unos segundos parado frente a la puerta, sin saber si abrirle o dejarla desgallitándose otro ratito; al final, como cualquier brujo que se respete, la hice esperar un ratito, Qué pasó doña a qué se debe tanto burullo, Ay joven usted tan tranquilo y una a punto de morirse, Ay bájele doña Chenga, a ver, dígame, en qué puedo ayudarla, A mí en nada joven lo que pasa es que le hablan por teléfono, A mí, Pos si no a quién, ándele, pero córrale que es importante, y sí, sí le creí porque nunca había llamado ni recibido una llamada telefónica en mi vida, no sé, nunca me ha gustado el teléfono, y, además, ni siquiera conocía el número de la tiendita ni doña Chenga me lo hubiera dado nunca y menos considerando que no pude romperle un maleficio que le echaron de niña en virtud del cual siempre tuvo la panza inflada. Pero, aunque le haya creído, eso no significa que iba a correrle, ningún brujo debe correr, está prohibido, trátese de quien se trate el brujo debe darse su lugar. Y así, contando los pasos, pidiéndole permiso a un pie para mover el otro, fui llegando, calmado, poco a poco, Bueno, Sí, bueno, hablo con don Matías, Sí y yo con quién hablo, Le habla el Presidente de la República, Ajá y yo soy Ewan McGregor, Supuse que no me creería, si en este momento se asoma a la calle verá una camioneta negra, está esperando por usted, sírvase, por favor, abordarla para que lo lleve con el señor gobernador del Estado, Disculpe, Lo que oyó, no resulta necesario decir que asome el pescuezo como de rayo, ahí estaba la camioneta con dos gorilas vestidos de catrín, con unos lentes muy raros de esos que los jóvenes de ahora usan dizque para proteger sus ojos de no se qué rayos morados o violetas o verdes del sol, regresé al teléfono, nervioso, sudando frío, De veras hablo con el señor Presidente, Súbase a la camioneta ya habrá tiempo para platicar con calma, buenos días, y colgó. No me había dado cuenta pero la Chenga estuvo todo el tiempo viéndome desde una esquina con ojos de susto, como si un espíritu se le hubiera metido por el culo, Y ahora joven, Pues nomás queda obedecer doña, gracias por prestarme el teléfono. Dos pasos en dirección a los aparecidos. Los monigotes esos estrechándome la mano. Sentado en el asiento trasero, respirando el aire gélido y limpio del interior de la camioneta, no podía pensar en nada, pero, de repente que se me prende el foco, Espérense manitos se me olvida algo, bajé corriendo y regresé corriendo, ni modo, que hasta los brujos, que no por ser brujos, no siempre respetamos las reglas, Es que, expliqué a los monigotes, se me olvidaban mis hierbas, ningún brujo puede salir sin sus hierbas.

     Por esta plaza había pasado muchas veces, demasiadas como para prestarle atención, es como cuando vas de la casa al trabajo y al revés, ya ni te fijas por dónde andas. Pero ahora, viéndola a través de los vidrios polarizados, como si viera a través de los lentes oscuros de los monigotes, la plaza luce muy distinta, y el Palacio de Gobierno de Veracruz, y la bandera y los balcones, lucen como si fuera la primera vez que alguien los observara, cosa que, pues sí, sí era la primera vez. La camioneta se detuvo y nuevamente empecé a sudar frío; mis clientes me han contado muchas historias sobre presos políticos y golpizas y torturas y, todas esas historias, todas, están relacionadas con una camioneta, o con un carro repleto de monigotes como estos o con palacios de gobierno y mamada y media así que, el sudor, y la saliva ácida se justificaban por sí solas, pero, luego, como tampoco queriendo, me acordé que el asunto no podía relacionarse con política o con gente del gobierno, jamás, hasta ese día, había tenido contacto con la grilla ni con los grilleros, asunto que, recapacitando, tampoco tenía que ver nada con lo que pudiera pasarme, mis clientes, o, al menos, la gran mayoría, jamás hicieron grilla solo reclamaban por lo suyo, creo que es muy distinto. Pero bueno, mi instinto de brujo, el mejor de todos los brujos y por lo tanto poseedor del mejor de los instintos, me obligaba a mantenerme tranquilo, a respirar pausado y, lo más importante, a fingir que nada estaba ocurriendo, Venga por aquí don Matías, ¡puta!, desde aquel entonces todo el mundo ya me llamaba de don, no es que me moleste, pero, tampoco me agrada ni por aquellos días ni ahora; preferiría que me dijeran Matías, a secas. A los buenos brujos no nos interesan los títulos ni la forma en la que nos mira la gente lo único que nos interesa es hacer nuestro trabajo, que para eso nos mandaron aquí, para trabajar, para chingarle como brujo no para andar con titulitos y cortesías mierderas. Espere por favor aquí, la secretaria puede traerle lo que guste, ¡la secretaria! Nunca se me va a borrar su imagen, si casi todo ya se me olvida y casi toda la historia que les cuento está por olvidárseme algo muy distinto pasa con ese rostro ¡qué mujer tan horrorosa! Yo siempre me había imaginado a las secretarias bonitas, de piernas largas y veinteañeras pero ésta, ésta sí que era rebelde, parecía un puerquito sesentón con minifalda y, para colmo de males, bizca la cabrona, Puedo ofrecerle un cafecito, Sí, negro por favor señorita, Señora por favor, Disculpe, negro por favor señora, el que diga que la vida se construye de momentos seguramente también se ha encontrado con monstruosidades de esta calaña, la pobre mujer era casada, pero, más pobre que ella debía de serlo su esposo, ese miserable o estaba loco o de plano también le fallaban los faros, En un momento lo atenderá el señor Gobernador le ruego no se impaciente, Ave María Purísima sin pecado concebido, hasta la boca le huele a coladera, nomás hábleme de lado, no vaya a ser que ahorita devuelva el cafecito, Sí muchas gracias aquí lo espero, ¡y qué otra tenía!, de repente me despiertan de madrugada, que las diez de la mañana, digan lo que digan sigue siendo madrugada, de repente me habla el Presidente, de repente estoy en una camioneta con vidrios polarizados y de repente aguardo en la antesala de la oficina del mandamás del Estado, ¡qué cosas!, nomás falta que se me aparezca un santo o algún demonio chocarrero a media noche para que entonces sí me dé chorrillo. La puerta de la oficina principal, de caoba pulida y bisagras bien aceitadas, se abrió. Salieron unos catrines ya medio chochos y de repente, para no romper la secuencia, que aparece en el umbral el señor Gobernador, yo nomás lo conocía por las fotos de los periódicos, la verdad ni de su nombre me acuerdo y, creo, que en ese momento tampoco recordaba su nombre, Pase por favor don Matías, a veces, aunque esté mal decirlo, me enorgullezco de mi comportamiento, me levanté del sillón forrado de piel negra con toda calma, muy elegantemente cabe decir, di unos pasitos y, al bajar la mirada un segundo para reconocer los colores de la alfombra que tapizaban el suelo de la oficina noté que no llevaba camisa. Desde que salí de la choza solo llevaba puesto un pantalón, ni huaraches me puse, ahí, en ese lapso se me cayó todo el teatrito, ¡qué clase de brujo de baja monta se sale a las prisas, sin cuidarse siquiera de ponerse una camisa, aunque fuera una pinche manta para cubrir las miserias! No, no, iba de mal en peor, mas, disculpándome un poco, la culpa la tuvieron todos esos “de repentes”, demasiados como para que mi cerebro permaneciera impávido. Lo bueno es que para medir a un loco siempre se necesita a otro loco, el Gobernador ni caso hizo de mis cueros, que eso de cueros, de una vez hago la aclaración, es pura modestia, lo mismo que lo de las miserias, porque sea lo de cada quien cuando era joven estaba bien bueno, con estómago de lavadero, con cinturita, nalgón  y toda la cosa, ahorita, a mis setenta y tantos pues en lugar de lavadero parece piedra de río, pero de que estaba bueno eso que ni qué; decía, para medir la locura de un orate necesitas a otro orate, el Gobernador, cuarentón moreno con ojos de rendija, ni caso hizo del encuerado para soltarse un discursillo de esos que nacen de lo más profundo de las rutinas de los hombres, En nombre del Señor Presidente de la República le doy la más cordial bienvenida a este el Palacio de Gobierno, casa de todos los veracruzanos y, muy en especial, de un genio en las artes místicas como usted, me quedé, como dicen los jóvenes, de a seis, qué se fumó este cuate, no parecía drogado, su rostro no anunciaba ninguno de los signos que aparecen después de consumir peyote; relajado no se veía, así que marihuana tampoco era, no, era otro tipo de droga, bastante patética y reservada solo para una clase de personas: lambisconería, de la más depurada y fina lambisconería que se puedan imaginar, Pero siéntese por favor, que tenemos mucho de qué platicar, Señor Gobernador no quiero mostrarme grosero pero me estoy asustando un poco así que le ruego vayamos al grano, de qué se trata todo esto, en qué puedo servirle, qué necesitan de mí, solo soy un brujo, no soy, de ninguna manera, un … un genio en artes místicas, de ser honesto ni siquiera sé qué significa eso, Por favor no sea modesto amigo Matías, Matías por favor, Matías no sea modesto su fama ha trascendido más allá de las fronteras de nuestro Estado libre y soberano de Veracruz, ha llegado, incluso, a oídos del señor ciudadano Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Jefe indiscutible del partido y benefactor de la patria, amigo de todos los niños y…, así se aventó un buen rato, con cada frase le escurría una gota de saliva que se limpiaba discretamente con los puños de la camisa almidonada, por unos instantes creí que estaba describiendo a Dios nuestro señor, luego comprendí que sí, en efecto, estaba describiendo a Dios nuestro señor, Éste, perdón que lo interrumpa señor Gobernador, dije un poco tímido, pero ese es precisamente el problema y la razón, según veo, por la cual estoy aquí, el señor Presidente etcétera me obsequió con una llamada telefónica hace un rato y, pues, no sé a qué debo tan tremendo honor; y debía de serlo, pocos profetas han hablado con el Señor creo que ni su hijo tuvo ese privilegio, a lo más un hebreo que se hizo pasar por egipcio pero su hijo nunca mucho menos un brujo de Catemaco, Comprendo su inquietud amigo Matías, lo comprendo, pero antes de hablar a detalle sobre los motivos de nuestra reunión y, posiblemente, de su futura reunión con el ciudadano Presidente…, y volvió a la letanía para terminar con, … en la residencia oficial de Los Pinos me veré obligado a pedirle un enorme favor, le ruego se sirva acompañarme, Antes de salir de la oficina me gustaría hacerle un pequeño encargo, Dígame estoy para servirle, Me podría facilitar una camiseta y unos huaraches, con lo imprevisto del asunto de milagro no salí en pelotas de su pobre casa, Faltaba más amigo Matías, en un momento veo que le traigan ropa, no había dicho nada porque pensé que los estudiosos de las artes ocultas andaban descalzos y con el torso desnudo, Tampoco he comido nada, No diga más amigo Matías, no diga más. Camisa de algodón azul claro. Zapatos de horma ancha de piel lustraditos. Desayuno abundante y sabrosón y luego, pues, pues a seguir al señor Gobernador. Ya con la tripa satisfecha y las carnes bien tapaditas el Ojos de Rendija me condujo por los pasillos del Palacio, seguramente nadie se ha fijado con detalle en el interior de esos edificios de gobierno, todos son laberintos con paredes saturadas de fotografías, en unas está el Secretario de Gobernación, en otras la figura sonriente de diez o quince presidentes, todos, compartiendo el mismo muro; en otro la pintura de don Benito Juárez, más allá la de don Panchito Madero y, en una esquina, bien iluminada pero discreta, eso sí, la foto del Ojos de Rendija. Señor Gobernador mientras llegamos a donde tengamos que llegar podría irme adelantando algo, No se impaciente amigo Matías, no se impaciente, pues claro que me impacientaba, parecía de esas novias de pueblo que están comprometidas antes de que siquiera les crezca la pechuga y a penas van a conocer al marido que el papá les consiguió, así, ya medio encabritado, de pocas pulgas, hice uso de mis poderes más humildes. Saqué del bolsillo del pantalón una varita de madera que ya no se consigue por estos rumbos, no desde que construyeron los astilleros del puerto, y con ella tracé en el aire una serie de figuras, al terminar el efecto fue inmediato, Verá amigo Matías el señor Presidente… está sumido en serios problemas y, su servidor, por ser del mismo partido, también. Sucede que en estos momentos como usted ya debe saber, se celebra en Korea y Japón  el Campeonato Mundial de Fútbol Soccer, nuestro país calificó, a duras penas pero calificó, entre los mejores treinta y dos equipos del mundo…, me acuerdo que dudé sobre el alcance de mi hechizo, incluso pensé que se me había pasado la mano, no fuera ser que haya vuelto loco al Rendijitas, pero, conforme siguió hablando vi, con alivio, que no, que el político para locuras se pintaba solo, yo nomás le solté la lengua, … La cuestión es que no solo para nuestro país sino para todas las naciones participantes hay mucho en juego con el juego, no se trata solo de fútbol, hay vidas, hay patrimonios, hay prestigio y hay dinero y popularidad mezclados, Este, pero, no sé, señor Gobernador qué demonios tengo que ver yo en todo eso, Tranquilo Matías, tranquilo, el señor Presidente… quiere encomendarle una misión relacionada con lo que le estoy platicando pero antes de que se entreviste con Él necesito probar si su fama de gurú está bien ganada, Yo no soy un gurú, soy un brujo, hay mucha diferencia, Como sea amigo Matías, como sea, debo probarlo. Nos detuvimos frente a una puerta de acero sellada con cinco candados, de su interior provenían chillidos rabiosos y golpeteos constantes. No sentí miedo, cuando de peligro se trata los generales del mundo optan por aguardar resultados en la comodidad del cuartel, cuando de gloria hablamos los generales del mundo encabezan las filas del batallón, el Rendijitas iba al frente, por lo tanto nada podía pasar. El llavero sale de una de las bolsas interiores del saco del General, los cinco candados ceden, uno a uno, la puerta se abre. Un tipo flaco, con barba crecida y cabello ralo, amarrado a una silla de metal y con las manos atadas brincoteaba furioso de un lado al otro del pequeño cuartito descubierto tras candados y puerta de acero, de mirada perdida no pareció darse cuenta de la presencia de su carcelero, y, brujo que le acompañaba. Éste demente que ve aquí es el Tesorero de Palacio, desde que arrancó mi administración pude notar cambios en su carácter y en la forma en que se conducía frente a los amigos del gobierno estatal, era un señor muy humilde y muy serio, le conocí durante mi campaña, era profesor de contaduría en la Universidad del Estado, y, dada su probidad y lo que de él me habían contado decidí, ya como gobernador, hacerlo Tesorero, pero algo le pasó, Qué algo, Un día no pudo controlar sus manos y empezó a robar dinero del erario público, primero no me alarmé, si no robara sí que me habría alarmado, pero el problema es que no lo hacía conscientemente, luego, para colmo de males, se volvió cínico, hizo declaraciones a la prensa donde se asumía como el mejor delincuente de cuello blanco, así como se lo digo, sin tapujos se vendió al mundo como ratero de alta categoría, Fue cuando usted decidió destituirlo, No si no le he pedido la renuncia, lo que pasa es que no es su culpa, Cómo que no es su culpa, No, no es su culpa, en sesión con mi gabinete de seguridad llegué a la conclusión de que el pobre está embrujado, no puede haber de otra, el pobre debe estar embrujado, Eso justificaría los berridos, Eso o que le hemos dado descargas eléctricas por tres días, Sí también puede ser, Su prueba es ésta amigo Matías, rompa el embrujo, de eso depende su entrevista en los Pinos, Bien déjeme solo con el poseso.

     Ni crean que voy a revelarles la esencia de mi poder, pero para nada, si me suelto a contarles lo que en ese cuartito ocurrió perdería inmediatamente mi registro en la Asociación Mundial de Brujos Hechiceros y Asociados, no puedo permitirme tan tremendo lujo, menos a estas alturas de mi vida, porque, no están para saberlo pero se rumora que soy candidato para ocupar la Secretaría General a la muerte de nuestro actual Patriarca, bueno, al menos eso me contó Guadaña, la hija de la Muerte, cierta tarde en que degustábamos té y galletitas en el Café de La Parroquia, en el malecón del puerto de Veracruz, pero semejante tema es harina de otro costal. En qué estaba, ah sí, decía, no puedo revelarles nada de lo ocurrido en el cuarto, nomás les digo algo, después de sacar a escena mis mejores conjuros, gracias y, variedades de ocasión, logré, después de tres horas, sacar al Tesorero de su infierno personal, suena sencillo, no lo fue, nunca es fácil romper las convicciones de los otros como nunca lo será romper con las propias convicciones. En dónde estoy, fue la primera frase, simple y vulgar, que atinó a decir el Tesorero, Está en el Palacio de Gobierno, contesté yo, correspondiendo a la vulgaridad del funcionario con una respuesta igual de creativa, Por qué estoy amarrado, No se mortifique ya habrá tiempo para explicaciones, Lo último que recuerdo es que me metía un fajo de billetes a la bolsa del pantalón mientras sentía un escalofrío recorriéndome la espalda, No se altere señor Tesorero, no se altere, permítame desamarrarlo, tenemos que ir a ver al Gobernador. Un grito de asombro, Era cierto, era cierto, usted es el mejor brujo del país, una serie de instrucciones dictadas de corrido, Esta misma tarde viaja a la Ciudad de México, va a entrevistarse con el señor Presidente… venga, venga amigo Matías le voy a dar unas botas de charol únicas en su género que, a su vez, regalará al señor Presidente… como muestra de respeto y admiración, dinero para viáticos, otra vez subirse a la camioneta de vidrios polarizados, otra vez los monigotes estos, dos horas y cachito en carretera a toda velocidad, el Valle de Anáhuac como preludio de la Ciudad Ombligo del Mundo, Megalópolis saturada de automóviles y mentadas de madre en cada crucero, el bosque de Chapultepec, más monigotes custodiando la entrada a Los Pinos, Qué día, Dios mío, qué día y, lo peor, es que aún no acaba. A diferencia del Palacio de Veracruz la antesala a la oficina presidencial es amplia y lujosa, no es solo una secretaria sino una decena de muchachas, algunas bonitas y otras medio pasables pero ninguna tan escalofriante como la secre del Rendijitas, saliendo y entrando de la habitación con folios bajo el brazo y, dejando al caminar estela de fragancias mentoladas. El señor Presidente lo va a recibir en cualquier momento, alístese por favor, me dijo una de las muchachonas más guapas, noté que ella no le colgó medallas al mandamás se limitó a decir señor Presidente en un tono muy natural, será porque, convivir con los mitos es desilusión vuelta experiencia, Sí gracias señorita. Dos galletitas de mantequilla después escuché la orden en voz de la guapetona, Pase por favor. La oficina del Presidente me resultó muy simple, demasiado simple, una televisión, un escritorio brillante con adornos de bronce incrustados, una laptop, y el señor Presidente mirando a través de la ventana que, después lo supe, daba a los elegantes jardines. Bienvenido don Matías, no volteó a verme, como si mi presencia fuera tan solo algo lejano, incapaz de perturbarle, Siéntese, puedo ofrecerle alguna bebida, No, no, muchas gracias señor Presidente, Sabe esos limoneros del jardín mandé traerlos de Puebla, son muy hermosos, la primera impresión que me dio el Presidente fue la de un señor bien intencionado que había errado de rumbos, me lo imaginaba más como un empresario del Norte de la República que como político, A usted le gustan los jardines don Matías, Sí, sí, y mucho señor Presidente, Por favor olvidémonos de los títulos aunque sea solo por un rato, Sí, le decía, me gustan mucho, Sabe, me han dicho que los brujos de Catemaco concentran todo su saber en la manipulación adecuada de hierbas, pero, sobre todo, en el manejo de los estados emocionales de las personas, Disculpe es algo sobre lo que no se me permite hablar, Lo comprendo Matías, muy alto, medía más de dos metros y su voz era la de un ranchero que intentaba habituarse a los usos y costumbres de la ciudad, Es lo que más extraño de mis tierras, cada fin de semana traslado estas oficinas a mi rancho, en Guanajuato, y desde ahí atiendo los asuntos del país, quizá, algún día, pueda acompañarme, estoy seguro de que se la pasaría bien en el rancho, Sí, creo que sí me gustaría, Bueno, a lo que te truje chencha, debe sentirse un poco inquieto, de antemano le pido una disculpa por haberle importunado, por disponer así de su tiempo, se alejó de la ventana, tomó asiento frente a mí, con el escritorio entre los dos, para continuar hablando, Creo que el señor Gobernador de Veracruz ya le hizo un adelanto, Algo me comentó, Verá quiero hablarle a calzón quitado, esto de ser gobernante no es lo que me esperaba, hay muchos juegos políticos y mucha basura detrás del ejercicio del poder, hizo una pausa, respiró hondo y siguió sin interrumpirse con una cólera disfrazada de cordialidad, Mientras yo le hablo se ultiman detalles en Korea y Japón  para que inicie el Mundial de Fútbol, todos los países de Latinoamérica, toda África, muchos países asiáticos, y, claro, toda Europa no habla de otra cosa que no sea fútbol, las apuestas en los casinos están al tope y la prensa internacional se concentra en pronósticos infructuosos, todos quieren saber quién será el campeón o, a lo menos, quieren conocer, anticipadamente, el papel que su selección desempeñará en esta fiesta, Señor, yo no sé…, Permítame Matías, levantó la mano derecha dirigiéndola hacia mí en gesto intimatorio, Permítame, no me interrumpa, el titular del poder ejecutivo de cada una de las treinta y dos naciones que se disputan el trono se ve en el mismo predicamento que yo, no solo es un torneo deportivo, es una guerra de intereses, el ego de millones de personas está sobre la cancha y la popularidad de los gobiernos puede quedar perdida o revitalizada con cada gol, usted debe saberlo, los gobiernos del mundo cargan con culpas que nos les pertenecen, como cuando hay sequía o tornados o terremotos, claro está que el gobierno no es culpable de esos fenómenos, pero la población nos culpa, quizá porque, en parte, nuestras promesas muchas veces llegan a ser fantásticas, absurdas si nos remitimos a la autocrítica, alguna vez ha escuchado sobre la pasión de Mussolini por el fútbol, Sí, pero pasión por el deporte no era, Exacto era su obsesión por el poder, en el mundial de 1938 cuando Italia juega la final contra Hungría il Duce manda un telegrama a los seleccionados de su país, mejor dicho una amenaza: “Señores: vencer o morir”, obviamente ante la exactitud de las opciones Italia ganó, Fue, fue atroz, O la imbecilidad de algunos fanáticos, en 1950 Brasil cae en la final frente a Uruguay, al siguiente día la prensa del país perdedor reporta decenas de suicidios, Eso último, visto desde un ángulo cínico, me resulta gracioso, Sí la primera vez que lo escuche también me hizo gracia, pero hay más ejemplos, después de la guerra de las Malvinas Argentina se sintió desagraviada gracias a un partido de fútbol en donde derrotó a la escuadra inglesa, no le parece una ridiculez bien plantada, Sí pero también es cómico, O la guerra que se libró entre El Salvador y Honduras por motivo, Dios de dioses, del maltrato que se infringieron durante una eliminatoria mundialista los equipos de ambas naciones, Bueno en realidad esa fue la excusa, Sí pero como excusa me parece bastante tarada ni siquiera tiene la elegancia que ha de caracterizar al protocolo de Estado, Incluso se ha llegado a hablar de intervención divina, Sí Matías, sí, se acuerda de cuando Maradonna metió un gol con la mano en el mundial México 86, jugando contra Inglaterra, el Pelusa salió con una simplonada: “Fue la mano de Dios la que impulsó el balón”, útala, creo que de las carcajadas que solté me dio hasta diarrea, Señor Presidente, perdón que vuelva a insistir y perdone, en especial, que vuelva a los títulos mas no veo en qué forma su humilde servidor se relaciona con todo esto, Ya se lo dije don Matías, mi gobierno no lleva ni dos años de estrenado y, a pesar de ello, mi popularidad baja estrepitosamente, necesito algo que detenga la caída libre, Y yo…, Usted es parte de un plan que estructuró el gabinetazo para ganarnos a la opinión pública, Qué es la opinión pública, Tampoco lo sé pero eso no impide que busque su aprobación, Bueno y qué parte del plan juego yo, Usted va a hacer que México le gane a todos sus rivales en el Mundial, Qué, Ya dije, Pero, cómo se supone que voy a lograr tan tremenda hazaña, Para eso es brujo, no, Sí, hago brujerías no milagros, Ése es su problema, si logró sacar del trance a un funcionario corrupto podrá hacer otros imposibles, Ay señor presidente me la pone muy negra, Ni se queje ni salga con albures Matías, si el Papa fue a Cuba que México no gane un Mundial, No le garantizo nada, Pues más le vale que me dé garantías porque le platico que mi secretaria, en este preciso momento redacta una cartita dirigida al Patriarca de los brujos y mire que no hablamos muy bien de usted en ese pequeño oficio, Eso es una villanía, Pues sí pero qué se le va a hacer, Está bien, está bien, puedo hacer que México gane tres partidos, lo demás dependerá de los jugadores, Por qué solo tres partidos, Oiga hasta los brujos tenemos límites, Bueno ya, está bien, tres partidos, Y se puede saber qué voy a ganar con todo esto, La satisfacción de ver a su Presidente contento, No en serio, El dinero no es problema, si quiere le firmo un cheque por el total de la partida secreta a su nombre, No estaría mal.

     Así pues arranqué la mañana siendo un brujo de Catemaco y terminé el día como pieza clave en un plan configurado desde Los Pinos. Claro, no por ser pieza principal fui el único elemento involucrado. El Presidente ordenó a su gabinetazo que, durante la transmisión de los encuentros de fútbol, vistieran la camiseta oficial de la selección mexicana. La encargada de difundir la solidaridad del gobierno federal con la selección de fútbol fue la Coordinadora para el Diálogo con los Pueblos Indígenas, y ahí tienen a la señora ésa tocando a la puerta de los noticieros de televisión de las principales empresas comunicadoras nomás para lucir su camisetita. Y ya mejor ni les digo qué otras cosas ocurrieron porque a la primera de cambio pueden empezar a bostezar, mejor narro lo que me pasó allá por tierras orientales.

     Nos vamos al mundial, Nos vamos al mundial, las voces carrasposas de los seleccionados gritaban al ritmo de un zapateo ridículo, la escalinata del avión privado, tambaleándose, conducía uno por uno a los flamígeros deportistas. Viéndolo a detalle bien podrían considerarse justicieros, son la vivificación de un sueño de gloria nacional aplazado innumerables veces. Y este quién es, preguntó uno de los jugadores al Director Técnico, Dizque nuestra arma secreta, cada vez me fui sintiendo más presionado, más nervioso, vaya tarea la mía, hacer que un equipito venza a los dioses del mundo, en lugar del mejor de los brujos necesitarían los servicios del mejor de los terapeutas, estos muchachones no requieren de mi ayuda, requieren de un milagro psicológico, nada más que eso. Pero, total, si ya estaba sentadito en esa pequeña sala acondicionada a manera de cuarto de juntas, con los estadistas y el Director Técnico observando videos de torneos anteriores qué mas daba, un poco de brujería aquí, un hechizo por allá, y tan taran, tan, tan. Mire Matías, sé que usted es enviado personal de los Pinos, y sé que, supuestamente, nos va a ayudar, No pude decirlo mejor Director, supuestamente a eso vengo, Sus palabras no me dan ánimo, No busco dárselo, Entonces, Entonces qué, Sí a qué viene, A hacer de Profeta en lugar de Brujo, Mire Matías no me interesa si usted es brujo, demonio o, dios de iglesia dispersa, no vaya a interferir en mis órdenes que ya bastante tengo al lidiar con un batallón, No se exalte, lo entiendo, cada quien a lo suyo. Recuerdo que ocupé más de la mitad del espacio destinado al equipaje de la comitiva, no cargaba con mucho, solo que, los enceres, eran demasiado voluminosos: cuarenta itacates con veinte kilos de huevo blanco cada uno, cuarenta con huevo rojo, un itacate de naranjas, uno de hierbas olorosas, un saco de tierra especialmente formulada, un saco de maderas y cosas por el estilo. Al tocar tierra extranjera lo primero, lo primerito que me pasó por las de acá, fue hacerles una limpia a los jugadores, tardé como veinticinco minutos, por cada uno, en quitarles la mala vibra, malos augurios, maldiciones pasajeras, hechizos de amor y cochinada y media, los huevos se me acabaron nomás en limpiar el aura de los jugadores, los huevos de gallina eh, no vayan a creer…, ninguno se opuso, al contrario, como que ya desde que estábamos en el avión se les veían las intenciones de pedirme un trabajito, cosa que, en tierra, pues sí, sí ocurrió, Oiga Matías y ya aprovechando el viaje…, me dijo uno de tantos, … no podría darme un amuleto o algo parecido, digo, para no correr riesgos, para que los jugadores de otros equipos, o los de este equipo, no me vayan a echar mal de ojo, Usted no se achicopale Matador que desde este momento son mis protegidos, Eso es bueno, Claro que es bueno mis poderes son insuperables, Conste Matías, conste. A las limpias siguieron los hechizos para construir, alrededor de cada seleccionado, una barrera de energía, la cual, oh sí, habría de protegerlos contra las malas intenciones del vulgo, y miren que, si algo sobra en un Mundial, ese algo es vulgo. Pero las cosas, aunque iban resultando fáciles, no lo serían siempre. Korea y Japón sufrieron invasiones de todo tipo: empresarios, académicos, deportistas, celebridades, políticos, turistas para acabar pronto, y, categoría aparte – debo conferirme un poquitín de importancia, Dios no lo quiera se me desinfle el ego –, brujos, muchos brujos, infinidad de brujos de todas las formas, todos los colores y todos los poderes imaginables. Brasileños, senegaleses, etíopes, daneses, teutones, chinos, y yo, el único brujo mexicano por aquellos rumbos. Incluso, si la memoria no me falla, cuestionable condicional, me pareció ver entre las multitudes a nuestro venerado Patriarca. Me sudó, y me sudó de lo lindo. Les voy a contar un secreto, pero, les pido, por favor, que no anden divulgándolo a los cuatro vientos, no sean como esos escritores que, al conceder una entrevista, no aguantan más de tres preguntas sin citar la opinión de algún eminente erudito. Resulta que en fútbol, como ocurre con casi todos los deportes de conjunto, el fanatismo suple, con creces, a la pasión deportiva. Es mucho más sencillo subordinarse a un equipo, tolerar todas sus fallas, y defenderle contra cualquier detractor, aun cuando éste pueda opinar en un sentido del todo aceptable, que volverse conscientes de la falibilidad del equipo adorado. Sencillo es el vestir una camiseta, sencillo el defender colores, sencillo el hablar bien de la mediocridad ajena, y difícil, muy difícil, volverse crítico: mayor condición creativa a la que un verdadero apasionado del deporte podría aspirar. Y todo esto lo digo porque nosotros, cofradía de gente rara, hicimos acto de presencia compartiendo motivos: hacer que el equipo de cada quien gane, a costa de todo, por encima de todos, deben ganar. Quizá, si estoy en lo correcto, porque nunca lo he averiguado, el Patriarca estaba ahí para vigilar a los brujos del mundo, para evitar que nuestros poderes intervinieran para bien, o para mal, que una intervención, no por ser buena o por ser mala deja de ser intervención, y es que; en brujería, como en el cotidiano, las calificaciones morales dependen del individuo, de cada brujo, no de las circunstancias sociales del medio en el que trabajamos. Pero quién se va a estar tocando el corazón cuando el balón roda, cuando la multitud se fusiona en estridencia y gesticulaciones de ira u, otro extremo, euforia desbordante, ni el Patriarca tuvo la fuerza para frenarnos, ni siquiera él. El brujo a lo suyo, los fanáticos a lo suyo. Le estoy dando muchas vueltas al asunto, el secreto que les quiero contar es que cuando dos brujos compiten, es decir, cuando dos equipos compiten, y cada cual tiene a su brujo protector, no gana el hechicero más poderoso, ni el más hábil, ni el más diestro en sus artes, no, gana el que goce de mayor prestigio, como oyeron, algo tan vacío como la opinión ajena es el factor determinante del encuentro: si los jugadores creen en la magia del brujo la magia funciona, si no, no hay nada qué hacer. No parecía fiesta deportiva, más bien, a ratos, se me antojo como la convención mundial que la Asociación organiza cada veinticinco años, y, como ocurre en la susodicha convención, vi muy pocas innovaciones. Los muñecos budús de siempre; las pieles de gato de siempre; las fotografías de cientos de desdichados laceradas, lo digo casi al borde de la compasión, por alfileres; las piedras de jade y cuarzo, velas negras y crucifijos de madera roja, idénticos, lo de siempre; nada nuevo, nada interesante.

     Y los días decisivos llegaron.

     El primer juego, el primer encuentro, la primera prueba: Croacia. Un par de horas previas al encuentro, encerrado en mi suite del hotel, con la televisión y el sistema satelital de canales testificando sobre lo que ocurría en mi país – los bares a toda su capacidad, aun cuando en México era de madrugada: horarios modificados para poder seguir las transmisiones del mundial, los políticos hablando maravillas del fútbol nacional, y el vulgo, todo el vulgo, lotes de vulgo, masas enteras de vulgo, concentrado en los movimientos de un balón – sentí la piel erizada, lo que, según mi acervo de conocimientos brujeriles, solo podía significar que mi colega croata, el brujo protector del equipo rival, ya había empezado sus funciones. Como de rayo saqué mi herramental de sus respectivos empaques, las hierbas olorosas y los talismanes de hueso de pollo salieron a trabajar, fue una tarea muy difícil, demasiado difícil, por poco y me gana el colega, mas, por gracia de la diosa Fortuna, ganó la credulidad del equipo mexicano. Bien podría decirse que las leyes del universo cambiaron un instante a favor de la selección azteca. Y en México, bueno, nomás no canonizaron a los jugadores y al recién estrenado Director Técnico, aun cuando los verdaderos responsables del triunfo eran simples huesos de pollo, porque el buen gusto no perdió del todo, México tanto, Croacia tanto, México gana, Croacia pierde, México festeja, México mira alto, México, México, ra, ra, ra. Matías, Matías, mil gracias, No que no creía en mí Director, Yo cuando dije eso, Eso me dio a entender, Pues no ande entendiendo mal Matías, A quien debe agradecerle es a sus jugadores que ya se están aplicando, No sea vulgar Matías, Bueno, mientras no cierren ningún partido con penales creo que podré seguir echándoles la mano, Oiga mañana tengo reunión con los muchachos, al medio día, por qué no viene, No, no lo creo conveniente, Por qué, Porque para creer el objeto de adoración debe mantenerse discreto, ignorado, es la única forma en la que se le pueden conferir propiedades a lo desconocido, de lo desconocido y la voluntad nacen mis poderes, Bueno como quiera, por cierto el señor Presidente lo manda saludar, Qué se siente cargar en hombros a un Jefe de Estado Director, No se siente nada, pero cuando lo deje caer, vaya que voy a sentir.  

     Segundo round, y diez puntos de popularidad sumados al haber del Presidente empresario: Ecuador. No sé qué me pasa pero, ya de pequeño, desde que mis padres me iniciaron en el mundo de la brujería, siempre he tenido un respeto muy especial por los hechiceros sudamericanos, no es un respeto justificado, y no creo, honestamente, que sus poderes sobrepasan a los del clan de Catemaco, pero, es como ese respeto que se muestra frente a un extraño, se le respeta porque no se le conoce, del desconocimiento nacen virtudes. El colega ecuatoriano vino a mi encuentro, dos días después de la primera prueba, por la tarde, a eso de las cinco se sentó en mi mesa en el restaurante del hotel, y comenzó a hablar. Su trabajo frente a Croacia fue admirable, de piel morena, ojos negros y manos con dedos largos, era el prototipo del hechicero latino, Le agradezco colega, contesté mientras comía un platón de calamares fritos, Se enteró de lo que hizo el croata cuando supo que usted le venció, No, no me enteré, por cierto no gusta compartir, No gracias, se suicidó, Vaya eso es lo que llamó un fanático, sus compatriotas deberían construirle un altar, No diga tonterías bien sabe que no se suicidó por eso, Sí lo sé, el muy idiota se suicidó porque no tolera que otro brujo sea mejor que él, Exactamente, Qué manía y yo que alguna vez pensé que solo los brujos mexicanos éramos incapaces de reconocer el talento de los otros, Ya ve que no, Dentro de poco usted y yo también mediremos fuerzas, o, mejor dicho, popularidad, Por eso vengo, quería conocerlo, Es una aspiración muy alta colega, jamás podríamos conocernos, nuestro ego lo impide y, lo más importante, nuestra condición de personas lo impide, Bien entonces digamos que quería hablar con usted, Sí yo también tenía curiosidad, lástima que ya no podré echarme una platicada con el idiota ése, Le deseo lo mejor amigo mexicano, Lo mismo digo amigo del sur, lo mismo digo. No es que me quiera mostrar presumido, pero, el colega sudamericano me decepcionó bastante, para destruir sus poderes ni siquiera utilicé la mitad del herbolario destinado previamente al encuentro, una confesión: como que me quedaron ganas de echarle más enjundia, ni hablar, no se pudo. México tanto, Ecuador tanto, el Presidente con su sonrisota y el Director Técnico concediendo entrevistas a lo loco. Y los mexicanos, desmañanados y crudos… pero contentos. Ay no ya viene otra vez a dar las gracias Director, Uy y yo que quería obsequiarle este relojito como muestra de agradecimiento, Pues el relojito se lo acepto, oh un Versace, estas demostraciones de cariño si me laten, Qué tiene planeado contra Italia, Eso es algo que a usted no le incumbe, Cómo que no me incumbe, Ay no se haga el ofendido Director, ya habíamos quedado con lo de “que cada quien a lo suyo”, Queremos ganar Matías, Y yo quiero otro relojito, si se puede un Cartier, mire que no estaría mal.

     Italia. Italia bonita, de veras que me sacó canas verdes, por poco y se pierde el partido y la culpa la tuve yo, me dejé llevar por mis prejuicios, supuse al brujo italiano un pobre aprendiz de mago de circo y no, salió todo un demonio. A cada hechizo él respondía con otro de igual calibre, a cada conjuro él lo neutralizaba con palabras sacadas de no sé dónde, a cada truco él sacó un truco igual de poderoso, solo una vez se equivocó, solo una y eso bastó para que los guerreros mesoamericanos obtuvieran el empate. Acabado el partido y con la popularidad del Ejecutivo tambaleándose el Director me buscó en mi laboratorio, es decir, en la suite del hotel, Matías, Matías, No tiene por qué gritar ya lo escuché, Me quiere decir qué chingada madre fue lo que ocurrió, Ocurrió que por poco me vence el brujo de los italianos, No le pagamos para que “por poco lo venza el brujo de los italianos”, Ay bájele ya pasaron a octavos de final, oh no, así que, por lo mientras usted ha cumplido y yo ya cumplí, Ni madres Matías usted no ha cumplido con nada, sabe quién me acaba de llamar, Adivino: el señor Presidente etcétera, Ese mero, Y, Como que “y”, Sí, eso a mí qué, Se acuerda lo que le dije de sentir la caída, Ya se lo están enchufando verdad, No diga pendejadas, Mire Director ya sé que usted va a pagar los platos rotos, pero nada puedo hacer, el equipo empató, ya, quedó en el pasado, mejor haría en decirme contra quién van, Contra Estados Unidos, Los gringos tienen buenos brujos también va a resultar difícil, Queremos ganar Matías, No está en mí el que ganen, yo solo puedo neutralizar los poderes del brujo enemigo, Pues haga algo diferente, Como qué, A mí que me dice, no sé, mándeles un rayo, écheles una maldición, avíenteles mal de ojo, que les dé el córrele que te alcanzo, cualquier cosa, pero que no puedan jugar, Un rayo eh, Es un decir, Yo no pienso cargar con muertos Director, Pues échemelos a mí, total, si cargo con un Presidente, De acuerdo, salió de usted, veremos que se hace.

     Si la historia que les estoy contando está por ser olvidada, pues mis neuronas no han de seguir aguantando mucho, esa tarde, madrugada en México, ni colgando los huaraches se me olvida. Todo estaba listo, en mi laboratorio, otrora lujosa habitación de hotel gran turismo, con el instrumental bélico a punto de desencadenar toda la furia de Catemaco y el estrés orillándome al borde de la demencia, unos golpecitos suaves tocaron a la puerta. Quién es, Abra por favor, unos pasos hacia la puerta, girar la perilla, un olor a frutas filtrándose del exterior, Hola mi nombre es Esmeralda, morena preciosa, su piel húmeda, sensual, cabellera abundante: era la fuente de aromas tropicales, y sus ojos, Dios bendito, sus ojos: cristales de obsidiana, sílfide de piel color tierra, Eh, sí… dígame en qué pueda ayudarla, En mucho, en mucho me puede ayudar. Su mano derecha, tras describir movimientos curvilíneos en el aire, empezó a acariciarme la nuca mientras su mano derecha jugaba en mis pectorales, Lo deseo, Señorita… yo, este, no, lo que…, Vamos no me desprecie, Es que yo… el trabajo y el partido… necesito, Vamos. Como si conociera los interiores de la suite, como si los hubiera recorrido infinidad de veces me condujo, tomándome de la mano, a la habitación. Tres horas después, y cuatro orgasmos de por medio, vino la explicación. Era la única forma a mi alcance para vencerte, Perdón, Que era…, La escuche la primera vez lo que no he comprendido es el sentido de sus palabras, No me hables de usted, hicimos el amor, ahora somos iguales, No entiendo lo que dices… ¿cuál dijiste que era tu nombre?, Esmeralda, No entiendo Esmeralda, Te investigué, indagué sobre tu vida y tus méritos, Un momento…, Sí, no era posible vencer al mejor brujo del mítico Catemaco era necesario poseerlo, Tú eres…, En la esclavitud está tu derrota, en mi cuerpo descansa el triunfo, Eres la bruja de los gringos, No, soy la protectora del equipo norteamericano, yo no soy bruja, yo nunca he estudiado hechicería, Cómo es posible…, Que hayas sucumbido tan fácilmente, qué puede importar Matías, ahora me perteneces y, seguramente, te complaces en tu nueva condición de siervo, Me usaste, Ay pobrecito, mira, me dejaste moretones y pellizcos hasta en mis lindas nalguitas, Me usaste, me… me… me usaste, Deberías buscarle el lado cómico al asunto, además ni siquiera perdiste, solo, solo te has distraído, nada más, El Presidente va a matarme, Ay, a lo más te deporta, El Director, ese sí me mata, Por favor, en este momento debe estar llorando como plañidera, te apuesto a que ni siquiera se acuerda de ti, la prensa de México lo va a traer muy ocupado por lo menos durante un par de semanas, No, ya me acordé, antes de que llegaras alcance a estructurar el hechizo para que un meteorito destruyera los vestidores del equipo gringo, Ingenuo, no sabré nada de hechicería pero te aseguro que no lograste tu cometido, Qué estás diciendo, No se necesita ser bruja para saber que cualquier distracción en hechicería es mortal. Y sí, no sé qué me impulso pero en ese momento sentí la necesidad de prender la televisión, el meteorito fue invocado, destruyó un estadio completo solo que, el único error, fue que mató a dos ligas infantiles de béisbol japonesas, En la madre…, Qué Hollywood ni qué nada, ustedes los brujos de Catemaco logran mayores proezas, Te das cuenta de lo que provocaste, Lo que provoqué, yo no fui la que se acostó con una mujer que nunca había visto en toda su vida, Ya valió madres, Ya te dije que busques consuelo, al menos sigues invicto, considerando que te venció el deseo, Esa es la mayor de las brujerías, No: es tan solo la más irrefutable de las naturalezas.

     En México las cosas andaban más o menos en el mismo tono grisáceo. Como la selección perdió frente a los gringos muchas cosas y rumores salieron a ventilarse. Primero se dijo que, México, pagó su deuda de agua con los Estados Unidos al dejarse ganar; luego, porque no podía faltar un luego, que los vecinos del norte sobornaron a la Directiva de la selección, después, oh sí, después se dijo que el presidente norteamericano le habló por teléfono al presidente mexicano para solicitar su intervención a favor de los güerejos. En fin, creo que todavía se discute qué demonios fue lo que pasó. El Director técnico, efectivamente, ni se acordó de mí; andaba como energúmeno contestando preguntas de reporteros insolentes y aguantando la vara del pueblo, el pueblo, qué figura es y será el pueblo, quema a sus ídolos con la misma facilidad con que los crea. Y el Presidente, no le pasó nada importante, su popularidad bajo hasta el suelo pero, honestamente, no creo que le haya importado mucho al fin y al cabo en julio el Papa dejaría tierras vaticanas para visitar México, y, ya que no se pudo con el mundial quedaba su Santidad para subir exponencialmente el rating.

     Yo me casé con Esmeralda, mi Greñuda, tuvimos tres hijos y hemos asesorado como a veinticuatro Jefes de Estado. Ahora soy dueño de una agencia internacional de brujos –  la choza de Catemaco se convirtió en edificio corporativo –, y, como ya les adelanté, muy posiblemente futuro Patriarca. Dentro de poco empiezan las Olimpiadas, por lo que, ya estuvo de historias. Mejor, me pongo a chambear.  

Ger JM

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