La demencia de la noche (tercer cuento del proyecto).

Este cuento surgió en una de mis vistas al museo Soumaya en Plaza Loreto al sur de la Ciudad de México (vayan, en verdad vale la pena). Sus protagonistas son Auguste Rodin (escultor) y su amada Rose Beuret.

 

Este es el tercer cuento del proyecto, ruego a las potencias celestes les guste (y si no ¡pues qué se le va a hacer!) ¡Besitos!

 

 

 

 

La Demencia De La Noche

 

     Extenuado, con el corazón latiendo en la demencia de la noche, el sudor corriendo por su cuerpo y la mente alterada por imágenes de piel y seda roja se levanta de la cama ¿Fue un sueño?, se pregunta, Yo lo vi, fue real, por un momento el sueño no lo fue más y se convirtió en una experiencia real, tangible como estas manos que me escurren de sudor, Auguste se seca las manos en un paño de algodón sucio, uno de tantos que inundan su vivienda, busca a Rose en un intento desesperado de sacar el sueño, de narrarle a alguien lo que vio, lo que sintió. No fue de ningún modo una pesadilla, Fue el más encantador y febril sueño que haya tenido nunca, ni siquiera cuando era un muchacho llegué a sentirme tan excitado por una ilusión de la noche, por un sueño.

     Se calma un poco, respira hondo y pausado, regresa a la cama, ahí está Rose con las sábanas cubriéndole medio cuerpo. Contempla entre sombras las corolas de los magníficos senos de su amante, a pesar de la oscuridad, o mejor dicho, gracias a la penumbra adivina que ese par de magníficas joyas reservadas a él rematan en dos cúpulas rosadas, puntiagudas y exquisitas como su dueña. Se le antoja morderlas, besarlas, aprisionarlas entre sus toscos dedos hasta que Rose le grite: basta Rodin, detente. Rodin, solo le llama por su apellido cuando se excita o cuando se enoja, ¡Vaya que es raro!, dice en un susurro, ¡Vaya que es raro reaccionar del mismo modo cuando se está enojado y cuando la sangre le recorre a uno la entrepierna, es rara, esta mujer es rara y me gusta!, Auguste se tiende de costado, quiere seguir observando a Rose mientras duerme, su respiración lo excita, su cuerpo cálido y semidesnudo lo vuelve un niño. Un niño de enormes manos y barba reposando al lado de su madre, en una relación imposible por incestuosa y; sin embargo, posible, muy posible porque ella está ahí, lista para entregar su belleza a un toque suyo ¿En verdad? ¿En verdad Rose me pertenece? No me engaño, ella podría abandonarme cuando quisiera por eso se niega a que nos casemos, sabe que si la aprisiono no le quedaría más remedio que buscar una salida, eso hacen los ángeles cuando se les captura en una jaula de platino: solo pasan las horas pensando en cómo ha de ser su huída. No te irás lejos de mí Rose Beuret, si es necesario respetar tu libertad para que permanezcas prisionera a mi lado así ha de ser para que pueda seguir contemplando tu pecho, para poder adivinar tu respiración, para imaginarme el triángulo de tu sexo, húmedo y de aroma aturdidor debajo de estas sábanas. Si estuvieras lejos de mí no podría imaginarte como lo hago estando recostado a tu lado.

    Se despierta, siente una mirada encima de ella, entre sueños se sabe observada, no le gusta pero decide no cubrirse. Mueve la cabeza, reconoce a Auguste, le sonríe.

     ¿Por qué estás despierto? ¿Qué pasa?, Solo quería verte mientras dormías, no podría hacerlo si también permaneciera dormido, una mujer desnuda debe contemplarse con los sentidos alterados y no hay mejor manera de hacerlo que después de un sueño, ¿Qué soñaste?, Auguste duda, ha de contárselo o no ¿qué ganaría con ello? ¿Por qué querría compartirlo? Hasta hace un momento sentía que la vida se le escaparía si no la despertaba si no le gritaba cada detalle del sueño pero ahora con el consuelo de la belleza de Rose inundando su cama nada le parece apremiante, Nada, no soñé nada, vuelve a dormir y permíteme seguir observando.

     Rose cree sentir miedo. No le agrada la idea de dormir mientras alguien le acecha con la mirada, este hombre de manos terribles, de mirada inquisitiva la desnuda hasta llegar a su alma, no lo soporta. Ahora sabe cómo se sienten sus modelos, ahora sabe cómo observa a sus modelos antes de extraerles el espíritu para convertirlo en yeso y bronce. Considera que aún no gana el derecho a tanta intimidad, todavía no.

     Rodin deja de jugar y dime qué soñaste, Auguste se recuesta sobre de ella girándola para que su torso quede contra la espalda de Rose, la abraza atrayéndola hacia su cuerpo, besa sus orejas, su cuello, recorre con la nariz los hombros y acaricia sus mejillas con la lengua, Eres muy bella  Rose, eres exquisita, Dime qué soñaste Rodin, dímelo ya. Auguste sonríe, le encanta ese autoritarismo, le gusta sentirse sirviente de esta mujer, Bien, te lo contaré.

    ¿Sabes porqué creo que la noche padece de demencia?, Sí, porque solo los dementes pueden ver en el corazón de las personas, y las sombras ven mejor que nadie en el corazón de los hombres, ¡Oh Rose! Mi Rose, tan pequeña, tan lozana, te voy a contar mi sueño, Bien, eso me permitirá mantenerme despierta, empiezas a aburrirme, Dame un beso primero, Pero solo uno, Rose se gira para verlo de frente, siente todo el peso de Auguste presionándole el pecho, siente su barba picarle en el mentón, abre sus labios para recibir el cálido aliento de su amado, Este hombre huele a sal y a hierro, piensa, Sabe a lo que debe saber el metal fundido, a lo que saben nervios crispados y músculos en tensión, se separa de él suavemente con un ligero empujón, Ahora habla Rodin te lo ordeno, Era de tarde pude identificar que era la hora del crepúsculo porque los salones estaban inundados de luz rojiza, al principio pensé que me encontraba en una iglesia, las paredes de roca y los adornos religiosos me daban la impresión de estar en la nave central de una catedral como la de Compostela, empecé a caminar, en el aire flotaba el aroma de pétalos y cera derretida, no había personas pero había muchas aves y libélulas, me pareció extraño porque no vi plantas, tampoco agua pero los animales parecían en su medio, solo mi paso los perturbaba un poco, al seguir caminando me di cuenta que se trataba de un palacio ¿sabes en dónde estaba Rose? Dame otro beso y te diré, Rose lo besa, frota sus rojos labios contra los de Auguste, lo muerde hasta casi hacerlo sangrar, ¡Eres un confite belleza! Bien, te diré en dónde me encontraba, nada menos que en el palacio episcopal de Montauban y lo descubrí porque de las paredes, entre lava y roca derritiéndose, surgían dibujos de colores brillantes, eran dibujos de hombres y mujeres que usaban la ropa como si estuviera sobrepuesta, la ropa no los vestía solo los cubría como si primero se hubieran dibujado cuerpos desnudos y después fueran aprisionados por linos, solo podían ser dibujos de Dominique Ingres, nadie más posee ese estilo a la vez académico y sin embargo por completo rebelde, por lo tanto me encontraba en el museo Ingres en Montauban la ciudad natal del artista, Rose extiende los brazos por encima de Auguste para rodearlo, ahora es ella quien lo aprisiona, lo jala hacia ella y le muerde el cuello hasta dejarle una marca púrpura que testifique su propiedad, Seguí caminando deteniéndome solo para apreciar los dibujos que las rocas expulsaban como si fueran bocas de niños arrojando residuos de granadas, eran mujeres con huesos difuminados, con la espalda contorsionada en posiciones imposibles que, no obstante, se me antojaron sensuales y dignas de su creador, eran hombres de rostros hermosos y varoniles, retratos, los famosos retratos del pintor. Conforme fui recorriendo todas las salas empecé a escuchar una música muy ligera y alegre que provenía del fondo del lugar, era como si el edificio cantara y su voz fuera idéntica a un violín, un violín virtuoso, austriaco, definitivamente austriaco, estoy seguro que se trataba del violín de Ingres, Qué más, qué más viste, ¿Qué estás dispuesta a darme a cambio para decírtelo?, Rose cubre su pecho con ambas manos, Auguste siente un cosquilleo en la entrepierna, un segundo antes ese par de pechos estaban al descubierto llamando a su lengua, a sus labios, listos para besarse y comer de ellos pero cuando se escondieron tras las afiladas manos de su dueña la chispa de la desesperación empezó a apoderarse de Auguste ¿a dónde fueron? La necesidad de forzar su aparición, de tomar por los brazos a Rose y obligarla a quedar nuevamente con el torso desnudo le dominó, pero Auguste entendía de los juegos de la cama, De acuerdo belleza, descúbrete de nuevo, deja al alcance de mi boca ese par de gemas tuyas y te diré qué más vi, Rose se descubre y la mirada de Auguste se altera, está tan excitado que no se atreve a tocarlos, solo los mira como a través de un cristal que le impidiera tener contacto con el calor de su mujer, La música del violín me transportó repentinamente a otra habitación tapizada de terciopelo, en el ambiente flotaba un aroma a cítricos y en una de la paredes había un librero saturado de pergaminos y algunos libros de pasta muy antigua. Solo pude identificar el título de uno, eran las aventuras de Lanzarote y Ginebra, Qué más viste Rodin, En el fondo de la habitación había un cuadro iluminado por los destellos del sol que entraba a través de un vitral en el techo, ¿Qué había en el cuadro?, Mejor dicho quiénes estaban en el cuadro la pregunta es quiénes estaban en el cuadro belleza, era un cuadro de Paolo Malatesta y Francesca Rimini, un cuadro de Domique Ingres.

     Los dos se quedan callados. La historia de los amantes había sido inmortalizada por Dante en su Divina Comedia. Paolo y Francesca leían las aventuras de Lanzarote y Ginebra, al calor de las palabras, al acecho del fuego desprendido del libro el ánimo de los dos pasó del flirteo al amor pasional pero el cuerpo de Francesca pertenecía al hermano de Paolo aunque su corazón logró desprenderse de las arras del matrimonio su cuerpo y el de su cuñado fueron encontrados por el esposo legítimo quien en su furia decidió terminar asesinándoles para que en los inframundos padecieran eternamente de su amor.

     Francesca era un espíritu libre y su esposo solo vio en esa libertad la oportunidad para cegar su vida, dice Rose, Siempre me ha parecido una historia como deben de serlo las historias de amor: trágicas, bañadas en sangre ¿no piensas lo mismo Rodin?, No lo sé belleza, no sé qué pienso de ello pero el cuadro me cautivó, Descríbemelo, Auguste besa nuevamente el cuello de su amante, aprisiona su boca en un beso largo, cálido, incrustado de minutos que se disuelven, baja por el torso de Rose y llega hasta su sexo, lo besa provocando que Rose entre en éxtasis, Ahora dime que viste dímelo ahora Rodin, Te lo diré, en el cuadro Paolo envuelve con su mano izquierda a Francesca por detrás del cuello, haciendo a un lado el cabello de la hermosa mujer que está retenido por listones blancos como los que adornan su vestido, ¿Cómo es el vestido de Francesca, Rodin?, Es rojo como la sangre de la que te gusta hablar, parece de seda, seda roja sangrienta, con detalles y cinturón blancos, manchas de nieve en medio de lagunas de sangre así es su vestido y el pecho está ornamentado con un broche de oro negro, sus hombros permanecen desnudos como si se rebelaran ante el aprisionamiento de las lujosas telas, Francesca se ve halagada, o sería más adecuado decir que se ve inmersa en una pasividad cómplice con Paolo pues éste intenta besarla pero ella solo le ofrece la mejilla, no se atreve a compartir con él el rubí de sus finos labios, ¿Qué hace Paolo, Rodin?, Paolo toma la mano derecha de su amada con la propia, la mano izquierda de Francesca no está en el cuadro pero el brazo cuelga como si sostuviera algo, un objeto, un objeto está fuera del cuadro, ¡Es el libro Rodin! El libro no está en el cuadro que viste, el detonador de la leyenda de los amantes, la novela de Lanzarote, no aparece en el cuadro como castigo por provocar su muerte, Sí, tienes razón querida el libro fue exiliado, pero lo que más me agradó de la pintura fue la mirada de Paolo, ¿Cómo es?, Auguste no contesta, busca con sus dedos la entrepierna de Rose pero ella lo detiene, Descríbeme la mirada de Paolo, hazlo Rodin o te negaré de aquí y para siempre la entrada a mi cuerpo, No te exaltes querida, de inmediato te lo digo. En todo momento, mientras Paolo besa la tersa mejilla de Francesca, mantiene los ojos entreabiertos, hace trampa, el muchacho hace trampa al besar a la mujer de su vida, Debe desconfiarse de los hombres que besan con los ojos abiertos, son pérfidos, No belleza, Paolo no lo es, mantiene los ojos abiertos para saber si ella le corresponde en su amor, ¿Es que acaso su corazón no lo sabe, Rodin?, Los designios del corazón deben ser confirmados por los sentidos belleza, no sería la primera vez que el corazón cometiera un error, más vale asegurarse por eso es que Paolo se mantiene alerta: para descubrir si Francesca le ama. Auguste vuelve a jugar y se adentra en Rose, siente cómo un escalofrío se adueña del cuerpo de la mujer, es una descarga eléctrica que le recorre la espalda y contagia a Auguste en su camino; Rose gime, imagina las caricias de Paolo en las manos de Auguste, imagina ser Francesca envuelta en sedas rojas, imagina ser ella la que solo exhibe ante los ojos de su amante la lozanía de sus hombros ocultando el resto del cuerpo en el más grande de los misterios y en un momento en el que todas las estrellas del Universo se colapsan alcanza la satisfacción de dos cuerpos enlazados entre tendones y fuego.                

     Después los inunda la demencia de la noche. El silencio solo es interrumpido por el crujido de la madera y los silbidos ocasionales que vienen de la calle; en la habitación también se escucha la respiración agitada de Auguste y Rose.

     Debo contribuir a perpetuar el recuerdo de los amantes, dice Auguste todavía con un dejo de agitación en la voz, debo, al igual que Dante e Ingres, tomar parte de las almas de los amantes para transfigurarlas en arte, serán una escultura quizá de mármol o de bronce o serán moldes de yeso o lo serán todo al mismo tiempo, no lo sé, más tarde he de decidirlo pero su leyenda, la leyenda de Paolo y Francesca pasará por mi tamiz hasta volverse eternidad ¿no es esa también una obligación del arte, divinizar en un extremo de lo eterno los detalles más sublimes de la vida de los elegidos? ¿No son acaso Paolo y Francesca los elegidos del amor trágico? Ellos serán mis modelos, serán mi inspiración para crear una obra que nos trascienda a mí y a todos los que comparten los tiempos en los que nos ha correspondido vivir. Rose le escucha con atención, sublimada por la idea de contemplar una escultura de los amantes, Rodin creo que debes integrar la escultura al proyecto de las puertas del infierno, ellos están condenados pero su amor seguramente ha de conducirles hasta los campos elíseos. Auguste lo piensa, Sí, sí, que adornen las puertas del infierno, que sean la antítesis al abandono de toda esperanza de los que pisan el infierno. Que el amor de Paolo y Francesca les fortalezca en el largo camino por los valles de la muerte. En la escultura Paolo sostendrá con sus fuertes brazos a Francesca mientras ésta se deja llevar, el arte le permitirá a Francesca lo que la vida le negó: le dejará llevarse por el arrebato, por el amor hasta la locura y a diferencia de Ingres yo no censuraré la presencia del libro, el libro estará presente en la escultura pues sin el libro tampoco habría existido la leyenda.    

    Auguste Rodin besa a Rose Beuret y le abandona para dirigirse al taller, desea empezar a trabajar desde ahora. Rose se queda tendida sobre la cama con el torso todavía desnudo pensando y preguntándose cómo será la textura de un vestido confeccionado de sedas sangrientas.

 

Ger JM

    

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