Sobre el General Invierno (crítica)

Este artículo es una crítica a la exposición “Zares, Maravillas de la Rusia Imperial” montada en México en el Museo Nacional de Antropología; espero sus comentarios.

     En la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de Antropología e Historia se ha montado en colaboración con el museo del Ermitage de San Petesburgo la exposición “Zares, maravillas de la Rusia Imperial”. La exhibición comprende aproximadamente 500 objetos que muestran parte del brillo de la corte zarista entre los siglos XVII y hasta las primeras décadas del siglo XX. La muestra, integrada por pinturas espléndidas, orfebrería divina, esculturas en madera, biombos, ropajes, servicios de mesa, litografías, objetos legendarios y joyas suntuosas hacen que a cada paso los destellos del poder imperial te hagan sentir insignificante; sumado a esto la curaduría a cargo de José Enrique Ortiz, por la parte mexicana, y de Mikhail Piotrovsky, representando a la federación rusa hacen de la exposición uno de los más importantes, y deliciosos, eventos culturales de los últimos años.

     Y es que; los organizadores realmente pensaron en todo. Al llegar a la explanada del museo nos reciben con gran júbilo los soberanos rusos. Los visitantes se encuentran de repente con Catalina la Grande dándoles la bienvenida o con Alejandro I explicando su política de distribución agraria. En el vestíbulo del museo, antes de entrar a la exposición, se puede rentar una audioguía, por aquello de no tener muchas ganas de leer fichas y murales descriptivos, o sencillamente se compra el boleto para iniciar el recorrido. Es importante mencionar, sobre todo para los adictos a las tecnologías de comunicación, que se prohíbe el uso de celulares durante su estancia en la exposición, la explicación es sencilla: en cada una de las salas se escucha música de compositores rusos de la época, a mi parecer es una idea fabulosa: mientras el clavicordio de Vladimir Radchenkov nos rodea la mirada paternalista pero firme de Pedro el Grande se empeña en exigirnos pleitesía ¡la imagen es perfecta como para arruinarla con el timbrado de un celular o la voz chillona de su dueño discutiendo con cualquier otro inoportuno! Así pues, nada de aparatitos esclavizantes, al menos, durante el recorrido.

     Además de las magníficas obras, como el busto del emperador Pedro o el retrato de la emperatriz Catalina, que bastarían por sí mismas para hacer de ésta una gran exposición los organizadores combinaron magistralmente instrumentos didácticos y digitales para hacer de la visita un momento memorable. Mencionemos algunos ejemplos. En la sala introductoria descansan dos trineos, uno de ceremonia y otro para niños, al fondo se instalaron dos pantallas en donde se transmiten imágenes artísticas de lo que parece un rudo invierno; uno no puede menos que imaginarse la majestad de los trineos (y de sus pasajeros) recorriendo las frías tierras rusas, como intentando escapar al General Invierno. Más adelante en la sala “La Sagrada Primavera” se proyecta un video introductorio de la historia de Rusia y en la sala “Palacio de Verano” también se proyecta un video en donde se explica la naturaleza de la exposición y la forma en la que está organizada.

     Es importante aprender de esta curaduría. El arte debe valerse de los instrumentos de exhibición de cada época para acercarse más a las personas. Si tenemos proyectores y tecnología multimedia ¡usémoslos! ¿Por qué no? Que el arte se nutra de la tecnología. Que la tecnología sirva para que el arte toque el alma de más personas.

     Debido a que la exposición es muy amplia se recomienda ir con tiempo, si se desea ver todas las piezas dedicándoles la debida contemplación, o bien si el ajetreo de los tiempos que corren por fin nos ha engullido se han armado recorridos para que se observen solo algunas de las piezas principales; aunque, en esto último guardamos nuestras reservas porque ¿cómo se puede discriminar entre los majestuosos biombos tallados en madera y metales preciosos y las joyas de la emperatriz Isabel? Al respecto hagamos un paréntesis: es importante recordar que una exposición debe o disfrutarse plenamente, adentrándonos en cada pieza, desnudando hasta el último de sus detalles constitutivos  o aborrecerse con intensidad, haciendo exactamente lo mismo: observando con celo ¿De qué otro modo podría vivirse el arte? Solo se le puede amar o aborrecer, no hay posturas intermedias. Así pues, como para amar u odiar se necesita tiempo ¡dediquémoselo! Esto va especialmente para los jóvenes estudiantes quienes, más interesados en copiar las cédulas para después transcribirlas en algún patético trabajo escolar, no se concentran en disfrutar (o detestar, ya se dijo) de la muestra.

     Por cierto, también es recomendable visitar la página de Internet del Instituto Nacional de Antropología e Historia (www.inah.gob.mx), en ella se han cargado todas las cédulas temáticas ¡sí todas las cédulas para que no pierdan el tiempo copiando nada! Así como fotografías y ensayos históricos alusivos a la época en la cual se ambienta la exposición ¡incluso cargaron toda la música! Definitivamente un reconocimiento sincero a los curadores. Con su trabajo han logrado que la exquisitez del imperio nos llegue con todo el fasto que solo el poder del Zar puede traer consigo. 

     Cuando uno asiste a esta clase de eventos se cuestiona seriamente sobre los pilares de las llamadas repúblicas. De continuar así lograrán convencernos que la monarquía ofrece, por lo menos, más brillo y esencia que cualquier insípido régimen democrático.

 

Ger JM     

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